LECCIÓN DE CRISTO 28.6.2015
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San Marcos 5,21-43. Jesús hace
estos milagros curativos, porque como lo dice el libro de la Sabiduría: “Dios
creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”, y
así, a su paso por el mundo Jesús nos muestra ese poder con la hemorroísa y con
la hija de Jairo para recordarnos lo que el hombre logra a través de la fe. La
hemorroísa toca a Jesús con su fe, y sana. Y Jairo, el jefe de la sinagoga,
recibe este consejo de Jesús: “No temas, basta que tengas fe”, y la hija de
Jairo que estaba muerta revivió. Ambos hechos producen un gran impacto. Pero
tenemos el problema de olvidarlos.
Por
eso no nos basta rezar para que Dios actúe, porque Él está siempre dispuesto a
actuar. En cambio nosotros tenemos que meditar para actuar y llegar a nuestro
interior para conocer esa voluntad de Dios de haber creado al hombre para la
inmortalidad. ¡Eso es lo importante! Y llegamos a eso tras conocer que estamos
cumpliendo la voluntad de Dios, a la cual llegamos meditando en nuestro
interior sobre nuestra vida con nosotros mismos y con los demás. En el capítulo
primero del Génesis vemos como el hombre desobedece a Dios. Y lo hace porque
Dios lo hace libre. Es lo que conocemos como libre albedrio. Veamos que es
esto: “El libre
albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen
que los humanos
tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Puede ser ateo o
creyente.
“El
principio del libre albedrío tiene implicaciones religiosas, éticas, psicológicas, jurídicas y científicas. “La
existencia del libre albedrío ha sido un tema central a lo largo de la historia
de la filosofía y la ciencia.” Y en el cristianismo tenemos el libre arbitrio para
hacer siempre la voluntad de Dios, como punto central de ese libre albedrío,
que nos permite llegar a la inmortalidad, cuando lleguemos a la muerte, siempre
dependiendo de nuestro parecer, establecido así en el Génesis.
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