sábado, 25 de octubre de 2014

EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE: AMAR

LECCIÓN DE CRISTO 26.10.2014


         Mt. 22, 34-40. Jesús nos da una lección que resume toda la ley y los profetas. Y que, desde luego, debería ser reflexionaba con todo rigor en cualquier negociación de paz. Porque la paz nace ahí, en el amor a Dios y al prójimo como a mi mismo. Es de una sencillez que no deja lugar a dudas. Es el mandamiento principal de la ley, porque si examinamos el progreso de la humanidad cuando pasó de la monarquía a la democracia, luego de la Revolución Francesa, encontramos  precisamente allí la razón del progreso de los Estados que se ciñen a vivir en el amor civilizado, sin depender de la voluntad de un solo hombre: el rey.
         La ley, entonces es impuesta por el pueblo en las elecciones, y es por eso que una norma nace en la democracia, por voluntad del pueblo. Quedan excluidos los países, cuyos gobiernos actúan como dictaduras, sencillamente porque no siguen estos requisitos que constituye la ley humana: constituida por un supuesto de hecho, un deber ser y una consecuencia. No está el Estado entonces sometido a la voluntad de un solo hombre, sino del pueblo en general.
         Expliquémoslo con un caso concreto. El supuesto de hecho, es un ser humano que ha puesto una mina quiebra patas. El deber ser le dice que eso no se hace, porque es un atentado contra la vida de su prójimo, que protege la vida nacida por voluntad del pueblo. Y la consecuencia, finalmente, es que el que lo hizo debe ir a la cárcel, porque no está solo capacitado para vivir en sociedad, sino que está atentando contra esa voluntad del pueblo que es sagrada. Pueblo que en las urnas constituyó su propio Estado de derecho.
         ¿Qué significa vivir en sociedad? Amar a Dios, porque somos ciudadanos que seguimos el amor a Dios, como el fundamento de nuestra vida social frente al otro, que nos permite pasar de moscos, a almas creadas para trascender del amor a la otra vida. Por eso vivir en sociedad exige el amor al prójimo como requisito de hacer amable toda relación humana. Es decir  en paz. No hay otra alternativa que tenga el orden público, generado por la ley surgida por voluntad del pueblo.
         Todo ser humano es un ser diferente. No ha nacido ninguno igual. Ni siquiera si nacemos gemelos. Todo ser tiene una vida diferente que solamente puede vivir en el amor al otro, con respeto a la condición social que permite la convivencia de un pueblo. Por eso Jesús nos dice: No juzguéis al otro y no seréis juzgados. Y debemos amarlos como a si mismo, y estar, como nos enseñó Jesús, al servicio del otro. Por eso el egoísmo es el peor elemento, que hace que la ley deje de existir, cuando pone la mina quiebra patas. Y claro, para mantener viva la ley, en cualquier parte del mundo, incluyendo en la Habana, el mandamiento más importante es, lo repetimos, amar a Dios y al prójimo como a si mismo. Sin este requisito, se acaba la ley como norma, como supuesto de hecho, como deber ser, y la consecuencia no solo deja de cumplirse, se convierte en dictadura, porque está sujeta a la voluntad de un hombre, y no de un pueblo. Además, ya no es mandamiento de Dios, sino de un solo hombre.
         ¿Ahora si entendemos cuál es el mandamiento más importante? El amor que nos une por Colombia, como pueblo formado por seres humanos regidos por la ley generada por ese pueblo, y basada en el amor que sigue el mandato divino: el amor al otro, como a si mismo.  ¡Y ya! Si somos racionales debemos llegar a la paz rápidamente. Lo exige así Jesús, y la voluntad del pueblo.   


domingo, 19 de octubre de 2014

DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS

LECCIÓN DE CRISTO 19-10-2014

         Mt. 22, 15-21. Los discípulos le preguntan a Jesús: “¿Es lícito pagar el impuesto al César, o no? Y Jesús les explica sabiamente que no podemos confundir el símbolo del dinero con el amor a Dios. Algo ocurre cuando queremos hacer la paz sin mirar la verdad, en el sentido de tener presente las diferencias que genera lo material de lo espiritual. Tenemos que descubrir la importancia de estar por encima de lo material, por la sencilla razón de ser lo material lo que nos oscurece la mente, nos lleva a creer en lo perecedero, en pensar que la violencia justifica todo, en ver un  dios en los violentos.
         Nos parece que la vida que recibimos como un don invaluable, acaba convertida en un papel monetario, que no sirve para hacernos felices, como parece serlo para los pobres materialistas. atenidos al dinero. Todo se vuelve papel moneda, y se acaba la felicidad que genera estar al servicio de los demás, debido a la riqueza que transmite al alma humana la paz sin violencia.
         Es más, si nosotros hacemos una reflexión sobre la violencia, lo que la genera, lo que la mantiene, lo que la hace imposible de generar paz, vemos cómo convierte la vida de los violentos en unos monstruos, a los cuales les resulta imposible, dar un abrazo, un gesto de vida, un deseo de estar todos unidos en un mismo corazón. En la Habana, por ejemplo, no hemos visto un gesto amable, un deseo de terminar de una vez, con el monstruo de la violencia.
         Los que aman a Jesús, saben que el amor de Dios, sobre pasa todo lo humano, se mete en todos los corazones, y se vuelve ese ser que se da a los demás, con ese gusto que convierte lo cotidiano en un mar de paz y felicidad, fundamentada en el interior de cada uno como debe ser.
         Todo ser humano es diferente, lo único que nos une es el corazón de Jesús, que pasa por encima de todo lo material, para convertirse en esa alma común, que acepta las diferencias, porque ama al otro, por encima de todo. Y claro, todos sabemos que esa manera de ser, es la única  que conduce a la paz, basada en el respeto al otro, por las diferencias materiales, y se une en un solo espíritu, que ama para trascender los límites de lo material, para llegar al cielo, donde se acaba el tiempo y el espacio, y todo se vuelve espíritu de Dios.
         El dinero donde está la esfinge del César, representa esa necedad de creer en un poder que desaparece en el amor al otro. El otro es bueno si genera dinero. Si no lo hace, no vale nada. Por eso Jesús nos dice dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios… ¿Será que hacer la paz requiere dinero? No, la paz no requiere dinero. ¡Es gratis! ¡Increíble! O bien, se hace porque nace en las personas ese amor por el ser humano, al que nos une la vida pasajera, y la certeza de trascender a nuestra muerte a una vida verdadera, fundada en el amor sin barreras, sin diferencias, sin todas esas triquiñuelas que genera la politiquería en este mundo material que muere en ese mar de mentiras, que muestran las esfinges efímeras de las monedas, con la mentira de que ellas son la verdadera felicidad, cuando solo son las que generan la guerra.

         La paz es gratis… Nace en un sentimiento común y lógico, que surge del conocimiento de la vida humana, pasajera por un lado, y efímera, si no se funda en el amor a Dios, el autor de ella. Claro, que está basada en el amor, pues la Cruz de Jesús es el triunfo del amor sobre el pecado, y la manifestación de la querencia de Dios por todos nosotros, sus hijos, con amor igual para todos, y sin ninguna diferencia, pues Él es el autor y creador de todos y todas…Allí no hay clases sociales, ni menos aún estratos. Todos somos iguales como hijos de Dios, nuestro creador. ¡Y ya!

domingo, 12 de octubre de 2014

PARÁBOLA DEL GRAN BANQUETE

LECCIÓN DE CRISTO 12.10.2014
        

         Mateo 22, 1-14. Jesús nos enseña con el ejemplo del rey que preparó la boda para su hijo, con un gran banquete, para que entreguemos nuestra voluntad, con buena disposición para seguirlo, por encima de las disculpas, o de cualquier otro motivo humano, porque quiere que volvamos a Él, nuestro creador. Por eso la entrega a Él, debe ser total, sin ninguna excusa.
         Él quiere estar presente a lo largo y ancho de nuestra vida, siempre, sin vacaciones, o tiempos de reposo. Él está en todo momento, con los invitados a la boda, que somos todos los seres humanos.
         Por eso andar con Jesús es siempre y a toda hora. En esta parábola lo muestra con el ejemplo de los que se excusaron de venir a la boda. Como no vinieron los invitados, el rey les ordena a sus criados: “Id a las encrucijadas de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda”.
         Eso demuestra la voluntad del Señor, para darse a los demás, superando las causas negativas que se presenten para hacer la boda de su hijo. Que entre otras cosas, se asemeja a la imagen de Jesús en su Pasión.
         Nuestro Padre mandó a Jesús para que estuviera con nosotros y nos enseñara a vivir la gloria celestial en forma concreta, con el mensaje de la Cruz, que muestra el amor que nos tiene, tanto como creador nuestro, como a cuenta de la libertad que nos dio para ser felices, siempre y cuando nos unamos del todo a Él. Y la parábola termina con una frase que nos debe hacer pensar para ubicarnos de qué lado vamos a estar, cuando venga nuestra muerte: “Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos”. Lo máximo será estar al lado de Jesús… Eso lo vemos a lo largo de esta parábola, que contiene la verdad del amor y la esperanza de trascender a la otra vida, unidos desde siempre a Cristo Jesús, porque no hay otra alternativa si queremos estar en la Boda del hijo del rey.   

          

sábado, 4 de octubre de 2014

LOS VIÑADORES HOMICIDAS

LECCIÓN DE CRISTO 5.10.2014
(www.ireguimilton.blogspot.com)

         Mateo 21,33,46. Esta parábola de Jesús nos recuerda a muchos de los que andan por el mundo de hoy, que aman lo material, y que mataron el alma viva del Espíritu Santo, y por ello son incapaces de comprender lo que perdieron en su vida. Estos son los viñadores homicidas. Ejemplos hay muchos en Colombia, en los países con violencia, y en la Habana. Ya es hora de que regresemos a ser felices con nuestros prójimos. La vida la vamos a volver lo que es: bella, alegre, amorosa, en fin, para lo que fue hecha, sabiendo que la vida es un milagro, un don de Dios, algo que no podemos dejar pasar porque lo perdemos. Por eso, ya mismo, entremos en conciencia, amemos a nuestros enemigos, perdonemos a los que no han hecho mal, y sobre todo, ayudemos al que lo necesita. Actos como estos dan una alegría mucho mayor de lo que nos trae lo material. Nos  produce un interior lleno de gracia, sin el estrés de sacarnos el Baloto. Podemos dormir profundamente tranquilos, sin miedos, conscientes de que la vida cuando se transforme en lo que es a nuestra muerte, conocerá la gloria del espíritu, que superó para siempre las limitaciones humanas.
         Dice Jesús: “La piedra que los constructores  desecharon, (la vida espiritual), en piedra angular se ha convertido; esto ha sido obra del Señor, una maravilla a nuestro ojos”. Y lo explica diciendo que lo que nosotros desechamos en la vida, es decir, el reino de Dios, nos lo quitará para dárselo a un pueblo que pague sus frutos y viva el espíritu.

         Muchos de nosotros, somos conscientes de haber perdido la oportunidad, la dejamos ir, y ya no podremos recuperarla como era en un principio. Solo nos queda morir arrepentidos, sabiendo que dejamos ir lo que valía la pena. Aquello que nos lleva a trascender, a estar en la otra vida con Jesús y María, conociendo la verdadera felicidad. Amén.