lunes, 28 de marzo de 2016

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN



LECCIÓN DE CRISTO 27.03.2016

        
         Felices Pascuas de Resurrección, es el día más importante para el cristiano, porque significa que la esperanza de una vida eterna en compañía de Dios, es real, gracias a Cristo. Lo mejor de todo es que esta gozosa existencia es de acceso universal y libre, sólo se necesita cumplir con una condición: amar a Dios sobre todas las cosas.
         La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sucede en un momento, dejando una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús atravesó el tiempo y el espacio.
         Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y a traído al mundo el esplendor de Dios, que es la Verdad y el Bien. Por eso, todo el universo se alegra hoy, El aleluya pascual, resuena en la Iglesia peregrina y expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
         En tu resurrección Jesús, se alegran los cielos y la tierra, y en el cielo, todo es paz y regocijo. Ha muerto Jesús a causa de nuestros pecados, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso este mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.
         Y se acuerden que el Papa Francisco dijo que Dios siente siempre por el hombre compasión y misericordia, recordando lo que Jesús nos hizo ver en la parábola del Hijo Pródigo.





lunes, 21 de marzo de 2016

PASIÓN Y TRIUNFO DE JESÚS



LECCIÓN DE CRISTO 20.03.2016
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        San Lucas 22, 14-23, 56. Después de leer el evangelio de Lucas, leamos estas palabras del Papa Francisco, tomadas de su libro “La Iglesia de la Misericordia”.
         Dice en el: “Capítulo V, Cristianos a tiempo completo”, lo siguiente: “¿Qué significa ser cristianos? ¿Qué significa seguir a Jesús en  su camino al Calvario hacia la Cruz y la Resurrección? En su misión terrena, Jesús recorrió los caminos de Tierra Santa; llamó a doce personas sencillas para que permanecieran con Él, compartieran su camino y continuaran su misión. Las eligió entre el pueblo lleno de fe en las promesas de Dios. Habló a todos, sin distinción; a los grandes y a los humildes, al joven rico y a la viuda pobre, a los poderosos y a los débiles; trajo la misericordia y el perdón de Dios; curó, consoló, comprendió; dio esperanza; trajo para todos la presencia de Dios que se interesa por cada hombre y por cada  mujer, como hace un buen padre y una buena madre hacia cada uno de sus hijos. Dios no esperó que fuéramos a Él, sino que Él se puso en movimiento hacia nosotros, sin cálculos, sin medida. Dios es así: Él da siempre el primer paso, Él se mueve hacia nosotros.”
         Más adelante dice: “Vivir la Semana Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es ante todo aquella del dolor y la muerte, sino la del amor y del don de sí que trae vida. Es entrar en la lógica del evangelio. Seguir, acompañar a Cristo, permanecer con Él exige un salir. Salir de sí mismos, de un modo de vivir la fe cansado y rutinario, de la tentación de cerrarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el horizonte de la acción creativa de Dios. Dios salió de sí mismo para venir en medio de nosotros, puso su tienda entre nosotros para traernos su misericordia que salva y dona esperanza. También nosotros, si queremos seguirle y permanecer con Él, no debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos salir, buscar con Él a la oveja perdida, aquella más alejada. Recordad bien: salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús y Jesús  salió de sí mismo para nosotros.”

         Más adelante dice; “La Semana Santa es un tiempo de gracia que el Señor nos dona para abrir las puertas de nuestro corazón, de nuestra vida, de nuestras parroquias -¡qué pena, tantas parroquias cerradas!-, de los movimientos, de las asociaciones, y salir al encuentro de los demás, hacernos nosotros cercanos para llevar la luz y la alegría de nuestra fe. ¡Salir siempre! Y esto con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero luego es Dios quien los guía y hace fecunda cada una de nuestras acciones.”   

jueves, 10 de marzo de 2016

LA MUJER ADÚLTERA



LECCIÓN DE CRISTO13.03.2016
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        San Juan 8, 1-11. En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
         Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
         Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
         - «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
         Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí.
         Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor».
         Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
         Jesús nos apunta la actitud que tenemos que tener los cristianos: condenar el pecado (“en adelante no peques más”) y salvar al pecador (“tampoco yo te condeno”). Aún hoy este es un texto revolucionario, sobre todo para los rigoristas (fariseos) o los que no saben separar la ley y las normas de la vida de esta mujer que puede ser recuperada.
         Hay que creer en Dios que es capaz de hacerlo todo nuevo y convertir a aquella pecadora en una mujer distinta, y hay que creer en la mujer, esperando en silencio, sin preguntas indiscretas.
         Se trata de enfrentar a la mujer con el pecado que la esclaviza, para que tomando conciencia de sus ataduras, las rompa y se libere. Buscar salvarla no tanto de las piedras, cuanto de ella misma, por eso el silencio respetuoso, que sólo se rompe por la palabra amiga, que invita al cambio, que tiende la mano. Un cambio que se realiza en el mismo corazón de la mujer que descubre la vergüenza de la dignidad perdida y la liberación que la pone en pie y la hace echar andar con la esperanza de no volver a pecar.
         Tenemos mucho que aprender de la manera de actuar de Jesús. En demasiadas ocasiones no creemos en la dignidad de las personas, sólo vemos y juzgamos sus acciones. No podemos tener el deseo de condenar a nadie, hay que agotar hasta el extremo la compasión, la misericordia, para salvar al que suponemos perdido, que siempre puede reanudar su vida.
         Esto es lo nuevo que nos cuesta asimilar y vivir en la experiencia diaria de nuestras comunidades y en la nuestra, que nos obliga a un cambio radical, de nuestras relaciones con los hermanos que creemos pecadores.
         Cuantas habladurías, comentarios, descalificaciones, sobre todo cuando se trata de la moral: es madre soltera, está separada, viven juntos…etc. Menos cuando se trata de lo social. Violamos con mucha frecuencia esta página evangélica, amontonamos piedras, creyéndonos jueces de los demás y mejores que ellos, sin darnos cuenta, que desde los más viejos a los más jóvenes, todos tenemos mucho de luz y tinieblas.
         “Anda, y en adelante no peques más”, como dice San Pablo en la segunda lectura: “Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta”, “todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo”.
         Este es el camino que hacemos con otros, aquella mujer y nosotros, con la mirada limpia, la sonrisa en los labios, el corazón renovado, buscamos la meta que nos conduce al hombre y la mujer nuevos, a la resurrección, a la Pascua.
         No sabemos lo que hizo después aquella mujer. En cambio sí sabemos lo que hacemos nosotros cada vez que nos sentimos amados y perdonados por Dios y conseguimos restaurar nuestras vidas quebradas. Está claro que sólo el que se ha sentido profundamente perdonado, puede acoger al hermano caído. No seamos reacios al amor exagerado de Dios, Él: “Abre un camino por el desierto y ríos en el yermo”. Que fácil sería confesarse, pedir perdón, ponerse ante el Señor, con la confianza de que su amor lo hace todo nuevo, ¿no lo notáis cada vez que somos perdonados? Él escribe en nuestras vidas, nosotros nos regeneramos.  



sábado, 5 de marzo de 2016

EL HIJO PRÓDIGO



LECCIÓN DE CRISTO 6.03.2016
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        San Lucas 15, 1-3, 11-32. Con esta parábola Jesús nos enseña cómo es Dios. En dos palabra lo resume: COMPASIVO Y MISERICORDIOSO. Compasivo en el diccionario se define como alguien que tiene compasión. El Papa Francisco en su libro “El Nombre de Dios es Misericordia”, dice que la compasión es “…sufrir juntos, no permanecer indiferentes al dolor y al sufrimiento ajenos”.
         Y en la parábola del hijo pródigo nosotros vemos como la compasión y la misericordia se unen, se compactan en una sola manera de amar al prójimo. Cuando el padre del hijo pródigo lo ve a las distancia, siente COMPASIÓN, eso es lo que lo lleva a sentir primero, el hecho de comprender el dolor de su hijo, y segundo, la alegría de ver que ha superado su tragedia…
         Y este sentimiento lo lleva además a sentir la MISERICORDIA. Dice el Papa Francisco: “La centralidad de la misericordia”, es muy importante para él…”Sí, creo que éste es el tiempo de la misericordia. La Iglesia muestra su rostro materno, su rostro de madre, a la humanidad herida. No espera a que los heridos llamen a su puerta, sino que los va a buscar a las calles, los recoge, los abraza, los cura, hace que se sientan amados”.

         En conclusión, el hijo pródigo,  lo dice Lucas en 15, 20-24: “Se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos. su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos. El comenzó a decir: Padre, he pecado contra el  cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad inmediatamente el traje mejor y ponédselo; poned un anillo en su mano y sandalias en sus pies. Traed el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado.” Amén.