LECCIÓN DE CRISTO
14.11.2013
Lucas 21, 5-19. Discurso sobre la ruina de
Jerusalén. Señales precursoras. El evangelio de Lucas se escribe probablemente
entre el 70 y el 80 D.C., época en que los romanos destruyeron el templo. Para
los judíos la destrucción del templo significaba el final de los tiempos. En
esos años ya Lucas sabía que el templo de Jerusalén estaba destruido. Jesús
dice frente al templo al final de su tiempo de vida: "De esto que veis no quedará piedra sobre piedra
que no sea destruida".
Lo
romanos que dominaban a Israel entonces, dejaban que siguiera viviendo la
gente. Se tenía el dominio romano, pero se seguía con el mismo sistema político
judío. Pero esta vez los romanos destruyeron el templo, porque sabían que esto
humillaba a los judíos. Los postraba.
Jesús
le da señales precursoras por esto. El mundo se destruirá totalmente, pero Él
les dice: "Mirad, no os dejéis engañar". El reino de los cielos está
en el alma. Lo dice para disminuir la tragedia de la destrucción del templo. El
mundo se acaba, pero el alma no.
Por eso Jesús
termina diciendo: "Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con
vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
En
resumen lo que Jesús quiere que sepamos es que todo lo material es pasajero, lo
que prevalece es el Reino, y este Reino de los Cielos, lo repite Jesús, está en
el interior del alma humana, en el espíritu.
Por
eso, lo repetimos, ni un cabello de nuestra cabeza perecerá, frente a la
destrucción material del mundo, y si caemos en el desastre, perderemos lo
material, pero el alma donde está el Reino, no.