viernes, 25 de abril de 2014

LA REVELACIÓN DE CRISTO

LECCIÓN DE CRISTO 24.4.2014
        

APARICIÓN DE JESÚS A LOS DISCÍPULOS

www.ireguimilton.blogspot.com
        
         SIGUIENDO LA REVELACIÓN. (Jn. 20, 19-31). Jesús se aparece a sus discípulos y les muestra sus heridas para que crean. Sopló sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo, les dio la paz, los envió a proclamar el evangelio, les dio la facultad de perdonar, o no, los pecados. Y finalmente, hizo otros milagros en presencia de ellos, para que creyeran en el Mesías, que es el Hijo de Dios, y para que creyendo tuvieran vida en su nombre. Esta es la manera como Jesús se revela frente a unos discípulos, algunos creyentes, y otros como Tomás, indecisos y duros de creer.
         En el capítulo primero de la Dei Verbum, entre  los documentos del Concilio Vaticano II, vemos la importancia de la REVELACIÓN, para que nazca una fe profunda en el mundo. Y por eso cita a Juan, (Jn. 1, 2-3), ante la necesidad de formar creyentes de verdad en la Iglesia de Cristo. Dice lo siguiente:
         El santo Concilio escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente, hace suya la frase de San Juan, cuando dice: “Os anunciamos la vida eterna que estaba en el Padre y se nos manifestó; lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su hijo Jesucristo. Por tanto siguiendo las huellas de los concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina auténtica sobre la divina REVELACIÓN, y su transmisión para que todo el mundo oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo espere, y esperando ame”.


LA REVELACIÓN DE JESÚS

LECCIÓN DE CRISTO 24.4.2014
        
APARICIÓN DE JESÚS A LOS DISCÍPULOS
www.ireguimilton.blogspot.com
         SIGUIENDO LA REVELACIÓN. (Jn. 20, 19-31). Jesús se aparece a sus discípulos y les muestra sus heridas para que crean. Sopló sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo, les dio la paz, los envió a proclamar el evangelio, les dio la facultad de perdonar, o no, los pecados. Y finalmente, hizo otros milagros en presencia de ellos, para que creyeran en el Mesías, que es el Hijo de Dios, y para que creyendo tuvieran vida en su nombre. Esta es la manera como Jesús se revela frente a unos discípulos, algunos creyentes, y otros como Tomás, indecisos y duros de creer.
         En el capítulo primero de la Dei Verbum, entre  los documentos del Concilio Vaticano II, vemos la importancia de la REVELACIÓN, para que nazca una fe profunda en el mundo. Y por eso cita a Juan, (Jn. 1, 2-3), ante la necesidad de formar creyentes de verdad en la Iglesia de Cristo. Dice lo siguiente:
         El santo Concilio escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente, hace suya la frase de San Juan, cuando dice: “Os anunciamos la vida eterna que estaba en el Padre y se nos manifestó; lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su hijo Jesucristo. Por tanto siguiendo las huellas de los concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina auténtica sobre la divina REVELACIÓN, y su transmisión para que todo el mundo oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo espere, y esperando ame”.


viernes, 18 de abril de 2014

FRASES DE JESÚS EN LA PASIÓN



1. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Que la primera palabra del Viernes Santo, sea la que ocupe el primer lugar en el corazón y los labios de todos, para conseguir el Perdón y la paz de Colombia.
2.  En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso. Ante Jesús, sus compañeros crucificados se juegan su destino, su aceptación o su rechazo. Cristo sigue ofreciendo salvación, misericordia, amor, cercanía, perdón, y por encima de todo, lo hace con amor puro y corazón de oro, que está presente en Él siempre, porque tiene ese poder infinito.
3.   Mujer, he ahí a tu hijo. La madre es la única criatura que da la vida por sus hijos. Ella es el centro del hogar. Por eso nos duele que haya madres que maten a sus hijos en su vientre, o que los niños no tengan el hogar que se merecen. ¿Dónde están los valores? En María tenemos la persona que vive pendiente de esos valores, que hemos olvidado en esta época. Por eso Jesús da esa orden en la Cruz. María es mucho más que nuestra Madre. ¡Ojo!
4.   Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Dios, ¿dónde estás? Él no responde, porque el destino humano, (no el divino), tiene unas metas trazadas para cumplir un fin, por encima de todo.  Él siempre quiere hablarnos, pero su palabra de vida la hemos silenciado. ¡Hablemos con Dios de verdad! Sabiendo que la vida humana tiene problemas por resolver, aún contra uno mismo. El destino obedece a una orden de Dios… Está vinculado con la voluntad de Dios. Y es poderosa cuando se cumple en bien de uno mismo y de todos. ¡Estamos salvados así!
5.   Tengo sed. La sed es uno de los tormentos y experiencias más duras que se pueden padecerse. Sin agua los seres vivos no pueden subsistir. No solo hablamos de agua pura, sino también de aquella que alimenta nuestro espíritu, como el perdón, por ejemplo. Por eso la vida está en el interior de uno mismo, donde se encuentra la felicidad de ser bueno, en compañía de María y Jesús.
6.   Todo está consumado. Pero no hemos consumado el proyecto personal que tenemos de Dios, ni la misión que se nos ha dado. Claro, a diferencia de Jesús que si lo hizo. No hemos consumado, por ejemplo, el proyecto social que se debe realizar en Colombia en el campo y con la palabra equidad, que no conocemos. Por eso no existe la paz. Y por eso la paz no está consumada.

7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Hagamos de nuestra vida una oblación, una entrega total, como lo hizo Jesús, para que cuando llegue nuestra muerte podamos decir las mismas palabras de Jesús en la Cruz. Entonces valió la pena vivir. Eso es todo. Lo material desapareció, y sólo quedó nuestro interior, es decir, nuestro espíritu, allí donde nació la vida. No dejemos ir ese espíritu sin haberlo conocido. Librémonos del dique que nos puso nuestra parte material, en la que sí pusimos toda nuestra voluntad. ¡Dios nos libre de ello!

viernes, 11 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS

LECCIÓN DE CRISTO 13.4.2014
        
         El preludio (26,1-16). El relato se abre con una visión profunda del significado de los acontecimientos que vienen: la Pasión es anunciada e interpretada con palabras y acciones simbólicas. Mateo nos coloca ante tres escenas que muestran fuertes contrastes: Jesús mismo predice su Pasión que está a punto de comenzar (26,1-2). Jesús habla con firmeza, él mismo parece dar el impulso para la Pasión; Él tiene el control de los acontecimientos, tiene majestad y autoridad. Esto contrasta con la desorganización y el ambiente secreto en que se mueven sus enemigos (26,3-5). Aparece así el primer contraste violento: el Hijo del hombre irá hasta el final en fidelidad a su Padre, mientras que los adversarios, ignorando el momento de gracia, se convierten en instrumentos de su muerte.
         Una mujer anónima prepara su cuerpo para la sepultura, a pesar de las protestas de los discípulos por el supuesto derroche económico (26,6-13). Mientras la mujer parece comprende el “tiempo” de la Pasión que se aproxima, los discípulos parecen ignorantes y critican un acto demasiado generoso. La mujer comprende, como verdadera discípula, la realidad de la Cruz: la generosa entrega de Jesús, derramando su propia vida ¡tan valiosa! Al mismo tiempo Judas, uno de los Doce, vende a su maestro por treinta monedas de plata y abre el camino para que Jesús sea arrestado (26,14-16). En cuando la mujer da generosamente, en cambio Judas “vende”, porque en su corazón hay codicia y apego al dinero. En “tiempo oportuno”: Judas entregará al Hijo del hombre para ganarse unas monedas, al mismo tiempo Jesús se entregará a sí mismo para dar su vida por la salvación de muchos. Se trata de la última Pascua de Jesús con su comunidad (26,17-35). Enseguida cuatro escenas describen lo que sucede en torno a la última cena pascual que Jesús celebra con sus discípulos. Se destaca el sentido que Jesús le quiere dar a su muerte y las consecuencias que esta tiene para el discipulado. En cuando la fiesta se aproxima, Jesús, con su autoridad majestuosa, le ordena a sus discípulos que preparen la Pascua (26,17-19). Jesús manifiesta un firme deseo de pasar estos últimos instantes con sus discípulos. Luego Jesús hace el anuncio de la traición: “Uno de vosotros me entregará” (26,20-25). Las tensiones van aumentando progresivamente. Ante la profecía de Jesús todos sienten miedo: “¿Seré yo?”. Judas enseguida comienza a hablar con los mismos términos de los enemigos. Judas queda delatado. Cuando comienza solemnemente la cena pascual, las palabras de Jesús sobre el cuerpo despedazado y la sangre derramada, desvelan el profundo significado de su muerte (26,26- 29). Los gestos que Jesús realiza sobre el pan y el vino evocan otras escenas significativas de este mismo evangelio y están cargadas de simbolismos bíblicos. El don de su propia vida, es lo que señala con firmeza, y con ello los discípulos serán beneficiados: comer el pan y beber el cáliz. Mateo coloca expresamente la finalidad: “para perdón de los pecados”, que es el sentido de la misión de Jesús (ver 1,21). La Alianza antigua tiene su “plenitud” en la entrega de Jesús. Así como antes de la cena, Jesús anuncia el contraste de la reacción de los discípulos ante la Pasión con su generosa entrega. Ahora Jesús se refiere al escándalo de la comunidad y las negaciones de Pedro (26,30-35). Pero en medio de todo, encontramos una promesa de reconciliación final entre Jesús y los discípulos: una palabra de esperanza en medio de la oscuridad.
         En el Getsemaní ocurre, la entrega del Hijo del hombre (26,36-56) Las dos escenas que ocurren en las inmediaciones del Getsemaní nos introducen a fondo en el misterio de la Pasión. La oración angustiosa de Jesús en el Getsemaní (26,36-46) es un acontecimiento impresionante. La oración se repite tres veces: siempre el mismo combate de la fidelidad al Padre que había comenzado en el relato de las tentaciones. Tres discípulos lo acompañan: los mismos que fueron testigos de su gloria en la transfiguración, lo son ahora en el sufrimiento; comienzan a entender lo que significa “tomar la cruz” y “beber el cáliz”. Enseguida se ve llegar a Judas y la multitud para arrestar a Jesús (26,47-56). Las sombras de la noche se transforman en sobras de odio. Judas y Pedro se contraponen. Judas pisotea el discipulado, Pedro parece ignorar las enseñanzas de Jesús sobre la no violencia. Todo va sucediendo en la línea del cumplimiento de las Escrituras. En medio del caos y después de las palabras de Jesús, los discípulos huyen. En el momento en que Jesús pierde su libertad, comienza su viaje, rápido y fatal, hacia la muerte.
         El proceso judicial ante el Sanedrín (26,57-27,10) y el drama de la Pasión, se desplazan a la ciudad de Jerusalén (casa de Caifás, sumo sacerdote). Aquí el conflicto entre Jesús y sus adversarios llega a su más amarga expresión. Pero el centro no son los opositores, sino Jesús quien impávido proclama que es el Mesías, el Hijo de Dios y el triunfante Hijo del hombre. Al mismo tiempo Pedro y Judas, ofrecen un contrapunto claro a la coherencia de Jesús.
         Tres escenas suceden en torno al mismo espacio y una cuarta escena, la más oscura, sucede fuera, en el trasfondo. El interrogatorio por parte del Sanedrín y las burlas (26,57-68). En el sanedrín se escucha la voz de los falsos testigos (26,59). Dos testigos le dirigen acusaciones teatrales al prisionero (26,60-61). Interviene entonces el sumo sacerdote (26,62) y le exige a Jesús una respuesta a las acusaciones. Pero Jesús permanece en silencio, (como el siervo sufriente de Isaías 53,7). El silencio de Jesús lleva a Caifás a hacer la pregunta decisiva, acompañada ésta de un juramento (26,63). La identidad de Jesús, tal como se ha revelado en el evangelio, pasa a primer plano. Jesús responde “Tú lo has dicho”, y añade enseguida una profecía que sorprende (26,64): sella su identidad y al mismo tiempo señala su destino. Los castigos que le aplican enseguida el sanedrín mismo contienen una ironía.
Las negaciones de Pedro (26,69-75). Pedro había seguido a Jesús de lejos (26,58) y esperaba ver en qué pararían las cosas: inicialmente llega seguro de sí mismo con el grupo de los captores y finalmente se irá lleno de remordimiento. Lo mismo que a Jesús, una serie de “testigos” se aproximan a Pedro y lo acusan de estar “con” Jesús, pero él lo niega enérgicamente. La tensión va aumentando a lo largo de las tres negaciones. Las negaciones van tomando carácter público, “delante de todos” (26,70). Pedro llega a jurar. La profecía de Jesús sobre Pedro se cumple y éste sale a “llorar amargamente” (26,75). El vínculo que lo une con Jesús no llega a romperse totalmente como quiso el discípulo: rápidamente reconoce su culpa y vuelve sus pasos sobre el discipulado.
         El pronunciamiento del veredicto final por parte del Sanedrín, que decide entregar a Jesús a Pilatos (27,1-2). La atención se centra brevemente sobre el proceso judicial: se llega a una conclusión decisiva. Pero no se trata todavía de la sentencia. Se narra al final el destino del traidor: Judas (27,3-10). Un momento trágico que se narra mientras Jesús es trasladado hasta el palacio de Pilato. Pedro fue capaz de volver atrás (con su arrepentimiento), en cambio este apóstol Judas, se va desesperado hasta las últimas consecuencias en un vano tentativo de quitarse de encima la culpa, (arroja las monedas). Los jefes no aceptan la devolución del dinero, y Judas entonces escoge el camino de la muerte.




sábado, 5 de abril de 2014

LÁZARO DE BETANIA

LECCIÓN DE CRISTO 6.4.2014

         JESÚS EN BETANIA. Lázaro es un personaje bíblico que solo aparece en el Nuevo Testamento, hermano de Marta y María de Betania. Vivió en Betania, un pueblo en las afueras de Jerusalén. En su casa se alojó Jesús en tres ocasiones. Es muy famoso principalmente porque según el evangelio de Juan, (Jn 11,1-44), fue revivido por Jesús, cuando llevaba 4 días de muerto. A partir de esta historia su nombre es utilizado frecuentemente como sinónimo de resurrección.
         La resurrección de Lázaro es el nombre de un tema iconográfico del arte cristiano muy frecuente en pintura. Tiene como motivo la historia evangélica de la resurrección de Lázaro de Betania, presentado como un amigo de Jesucristo. Varias veces aparecen en los Evangelios visitas de Jesús a la casa de Lázaro, donde transcurre la historia de Marta y María, hermanas de Lázaro.
         En la última de estas visitas, Jesús llega cuando Lázaro ya está muerto y sepultado. Jesús hace abrir el sepulcro, y a una orden suya, Lázaro resucita. «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo», dice Jesús. Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará». Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo».
         Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
         Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
         María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás». Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».
         Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y les dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto». Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
         Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar». La expresión de Jesús "Levántate y anda", que en realidad aparece en otro milagro referido en los evangelios sinópticos, está asociada con este episodio, en gran parte por el poema de Gustavo Adolfo Bécquer El arpa (y una voz, como Lázaro espera / que le diga "Levántate y anda"). Dice Bécquer:

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «¡Levántate y anda!».