LECCIÓN DE CRISTO 6.4.2014
JESÚS EN BETANIA.
Lázaro es un personaje bíblico que solo aparece en el Nuevo Testamento, hermano
de Marta y María de Betania. Vivió en Betania, un pueblo en las afueras de Jerusalén.
En su casa se alojó Jesús en tres ocasiones. Es muy famoso principalmente
porque según el evangelio de Juan, (Jn 11,1-44), fue revivido por Jesús, cuando
llevaba 4 días de muerto. A partir de esta historia su nombre es utilizado
frecuentemente como sinónimo de resurrección.
La resurrección de Lázaro es el nombre de un tema
iconográfico del arte cristiano muy frecuente en pintura. Tiene como motivo la
historia evangélica de la resurrección de Lázaro de Betania, presentado como un
amigo de Jesucristo. Varias veces aparecen en los Evangelios visitas de Jesús a
la casa de Lázaro, donde transcurre la historia de Marta y María, hermanas de
Lázaro.
En la última de estas visitas, Jesús llega cuando Lázaro ya
está muerto y sepultado. Jesús hace abrir el sepulcro, y a una orden suya,
Lázaro resucita. «Nuestro amigo Lázaro
duerme, pero yo voy a despertarlo», dice Jesús. Sus discípulos le dijeron:
«Señor, si duerme, se curará». Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús
se refería a la muerte. Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a
fin de que crean. Vayamos a verlo».
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su
encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si
hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora,
Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en
la resurrección del último día».
Jesús le dijo: «Yo soy
la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá
jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus
pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús,
al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y
turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?».
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás». Y Jesús lloró. Los judíos dijeron:
«¡Cómo lo amaba!».
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de
nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». Jesús, conmoviéndose
nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y les
dijo: «Quiten la piedra». Marta, la
hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que
está muerto». Jesús le dijo: «¿No te he
dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la piedra,
y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me
rodea, para que crean que tú me has enviado».
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». El muerto salió
con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: «Desátenlo para que
pueda caminar». La expresión de Jesús "Levántate y anda", que en
realidad aparece en otro milagro referido en los evangelios sinópticos, está
asociada con este episodio, en gran parte por el poema de Gustavo Adolfo
Bécquer El arpa (y una voz, como Lázaro espera / que le diga "Levántate y anda"). Dice Bécquer:
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «¡Levántate y anda!».