LECCIÓN DE CRISTO 19.4.2015
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San
Juan 10, 11-18. Debemos recordar siempre estas palabras de Jesús.
Es muy importante su sentido, y su reflexión nos lleva a conocer la necesidad de
tener presente siempre su significado: “Yo soy el buen pastor. Y un buen pastor
expone su vida por sus ovejas.” Y además agrega: “El Padre me ama porque doy mi
vida, y así puedo recobrarla de nuevo.” Entendemos entonces por qué el Padre lo
resucitó.
Debemos también complementar esto discerniendo
cuando dice sobre su vida: “Nadie me la quita contra mi voluntad, yo la doy
libremente. Tengo poder para darla y
también para recobrarla. Este fue el encargo que recibí de mi Padre.”
Y esa fue la misión finalmente de su
venida al mundo y la consiguiente transformación del ser humano, que pasó a
recobrar lo que estaba en duda, luego de todos los problemas que tuvo desde
Adán y Eva. El deseo de Jesús, y de su Padre, era darnos la oportunidad de
salvarnos siguiendo los pasos de Buen Pastor.
El buen Pastor y María no son personas físicas,
materiales, sino que habitan en nuestro corazón como espíritus, siempre. No es
por raticos. El ser humano trata de materializarlos como seres humanos. No es
sino que miremos a la Virgen en sus diferentes apariciones. Jesús tiene el
poder de recobrar su vida, tal como lo quiere el Padre, pero lo hace en
Espíritu en nuestro tiempo, para vivir en nosotros. Pero miremos y releemos lo que dice Cristo en
San Juan, y a través de sus palabras encontramos:
“El Padre me ama, porque yo doy mi vida
para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que la doy yo por mi mismo.
Tengo el poder de darla y el poder de recobrarla. Tal es el mandato que he
recibido de mi Padre”. Y esto lo hace
para vivir con nosotros en nuestro corazón siempre.