viernes, 28 de noviembre de 2014

¡ESTAD EN VELA!

LECCIÓN DE CRISTO 30.11.2014
(www.ireguimilton.blogspot.com)

         MARCOS 13, 33-37. Dice Jesús que permanezcamos despiertos, porque no sabemos cuando llegará la hora. Por eso en el mundo hablamos del día al día, porque cada día tiene su afán, y no sabemos en cual de ellos nos llegará la hora. La vida es pasajera. Si perdemos una hora, no la recobramos. Las oportunidades pasan y se van para siempre. Es en el tiempo presente que estamos en vela, porque tenemos que estar alertas para lo que viene.
         Hagamos un ensayo y revivamos en nuestro interior aquella vez que nos quedamos dormidos manejando. Vivamos esos momentos, cuando nos despertó el movimiento del carro sobre la cuneta de la carretera. ¡No pasó nada! Es verdad, nos despertó el movimiento del carro. Estuvimos de buenas, no hubo contra que darnos. Pero nos queda la experiencia de ver la necesidad de estar siempre despiertos cuando estamos al volante.
         Es de niños decir semejante cosa. ¿Y cuando nos llegó la cuenta que no esperábamos, y nos cogió sin cinco? Y cuando íbamos a presentar una entrevista de empleo, y al momento que nos llamaron nos habíamos dormido en la larga espera. El puesto lo ganó otro, y lo supimos, y sentimos una frustración grande.
         Hay millones de cosas que nos trae la vida, donde nos dice en cada una: “¡Estad en vela!”. Pero luego pasan las horas, viene el otro día, y entramos a distraernos, no porque seamos demasiados descuidados, sino porque el día al día trae millones de situaciones distintas, de oportunidades, de ocasiones, que perdemos por no estar en vela. Algunas las aprovechamos y otras las dejamos pasar.
         Sería bueno acordarnos diariamente de dos coronillas que nos recomienda María Santísima. Una es la paciencia, que nos permite conservar una actitud sin desesperarnos. Y lo mismo, es estar siempre en vela. Y la otra coronilla, es la perseverancia. Nos puede cambiar la vida las veces que quiera el mundo pasajero, y nosotros permanecemos en lo mismo. Podemos distraernos, y nuestra imaginación llevarnos a diferentes situaciones. Pero María no recuerda la paciencia que nos remite a razonar sin alteraciones, siempre ceñidos al propósito de estar en vela, y la perseverancia, que nos trae de paso, aquellos propósitos que hemos discutido con Jesús, fincados en la voluntad del Señor, para sacarle a la vida el crecimiento que necesitamos para superar los problemas, y sentir esa alegría que nos da María nuestra madre, por ser buenos administradores de nuestro tiempo, estando como siempre dentro de la voluntad de nuestro Padre.
         ¡Quien es ese Señor Padre! Un Espíritu que no tiene las limitaciones de tiempo y espacio para ver el recorrido de nuestra vida de atrás para adelante y viceversa, de manera que el don de la vida, como es una gracia dada por Él, está haciendo lo que toca, siguiendo la voluntad del que mejor sabe cómo son las cosas: Nuestro Padre. Él, con Jesús y María, nos lleva siguiendo las coronillas que recomienda María, para ser Hijos de Dios, y Templos del Espíritu Santo.
        
          


domingo, 23 de noviembre de 2014

EL JUICIO FINAL

LECCIÓN DE CRISTO 23.11.2014
www.ireguimilton.blogspot.com

         Mt. 25,31-46. Según la doctrina católica, inmediatamente después de la resurrección de los muertos tendrá lugar el Juicio Final, Juicio Universal o Juicio General. El Juicio Final es una verdad de fe expresamente contenida en la Sagrada Escritura y definida por la Iglesia de una manera explícita.
         Por ello cada vez que rezamos el Credo recordamos este artículo de la fe cristiana: “(Jesucristo) vendrá de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”.
         Jesús, en Mateo, deja sus últimas instrucciones a sus discípulos diciendo: “Cuando el Hijo del hombre venga con su gloria rodeado de todos los ángeles se sentará en su trono glorioso…”, y luego viene la referencia al hombre, como persona con obligaciones, ya que la vida dada por Dios es una gracia que no se puede desperdiciar, y que tiene obligaciones con el prójimo. Entre otras cosas no juzgarlo, aceptarlo porque todos somos diferentes, y servirlo, y sobre todas las cosas perdonarlo. Si no lo hacemos, no somos cristianos.
         Veamos lo que dice Jesús al final del evangelio de Mateo 25,31-46, refiriéndose al prójimo cuando tuvo hambre  y sed, y le dimos de comer y beber; cuando lo alojamos, cuando estuvo desnudo y lo vestimos, enfermo y preso y fuimos a verlo, que  eso lo hicimos con Él, y por ello “yo les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo. Y esto nos da el derecho de ir al cielo con Jesús y María.
         Precisamente una de las corinillas de la Inmaculada Concepción nos trae la coronilla de la CARIDAD, para hacernos saber que estamos todos y cada uno al servicio de los demás. No podemos quedarnos sentados pensando en sí mismos, sin hacer nada por los demás. Nuestra mente tiene que estar dirigida diariamente a ayudar, a trabajar, a hacer obras por los demás.
         Sí, claro, todos los seres humanos son diferentes, hasta en la huella digital, en la manera de ser y de pensar. Pero Jesús nos hace ver que todos somos hijos de Dios, y por ello tenemos que mirar a todos los seres humanos con respeto, y con el ánimo de ayudarlo, de tratarlo con amabilidad, de servirlo, en fin.
         “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el reino que está preparado para ustedes desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estuve fuera de mi patria, y ustedes me alojaron; desnudo, y me vistieron; preso, y vinieron a verme”.
          


domingo, 16 de noviembre de 2014

PARÁBOLA DE LOS MILLONES



LECCIÓN DE CRISTO 16.11.2014

  
         Mt 25, 14-30. Jesús nos trae un ejemplo diciendo que un hombre rico, que se va de viaje, deja sus bienes a sus criados. En realidad lo que nos deja, es la vida. Y unos la aprovechan, pero hubo uno que la guardó. Es decir no hizo nada. Y resulta que la vida es un bien que viene de arriba, para que nosotros lo utilicemos para hacer la voluntad de Dios, que es exactamente el trabajo para producir en bien propio y sobre todo en bien de los demás.
         No es que nuestro Padre sea de mal genio, como ocurrió con el criado que no hizo nada, sino que la vida es sagrada, no la podemos desperdiciar. No solamente porque no hagamos nada, sino también cuando la utilizamos en las adicciones, que dañan el cerebro y la salud y la familia, y claro, entorpecen los resultados de la vida.
         En unas reuniones que tuvimos para hablar de la Espiritualidad Eudista, se le dio a la vida otra connotación importante. Resulta que la vida es un contrato con Dios, que celebramos cuando somos bautizados, porque la vida es propiedad de Dios.
         Y el compromiso de Dios con nosotros ya está dado en ese contrato. Ya depende de nosotros mismos si lo aceptamos o no. Como nos bautizan cuando estamos recién nacidos, eso nos hace pensar que debemos renovar ese contrato cuando ya estemos grandes, y conscientes de él.
         Y nos preguntamos: ¿Sabías que tienes ese contrato con Dios? Y lo primero que tienes que traer a cuento es que nosotros, a través de él, somos llamados Hijos de Dios. Y ser hijo de Dios representa que tenemos que llevar una vida renovada, una vida nueva en Dios. De manera que la vigencia del contrato, depende exclusivamente de nosotros. Podemos estar con Dios, si lo aceptamos, o bien, separarnos de Él, bajo nuestra propia responsabilidad.
         En esa vida renovada, encontramos la voluntad de Dios, que es la que nos hace vigente el contrato. Al firmarlo,  (y lo hicieron nuestros padrinos el día de nuestro bautismo), nos consagramos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y nos consagramos al Padre para que Él se convierta en la razón de nuestra vida como hijos de Él. Nos consagramos al Hijo como redimidos por Él, y nos consagramos al  Espíritu Santo, como templos del Espíritu Santo que somos.
         Entonces: ¿cual es el verdadero cumplidor del contrato bautismal? El que lleva su vida dirigida a cumplir la voluntad de Dios. Algo que ocurrió cuando Jesús fue crucificado, por ejemplo, cumpliendo la voluntad de Dios, para salvar a todos los hijos de Dios. Entonces en esa voluntad encontramos nuestra salvación.
         Dice Jesús: el que pretenda salvar su vida la perderá. Niégate a ti mismo, no juzgues y no seréis juzgados. También nos dice que hay que cumplir con la voluntad de Dios. En el caso de Jesús, por ejemplo, cumplida su misión, la voluntad de Dios se hizo presente en la resurrección, que llevó a Jesús a la gloria, y lo sentó a  su derecha.
           Por eso si renuncio al pecado, negándome a mi mismo, quedo al servicio de los demás, cumpliendo el deseo de Jesús de darse, como Él se dio en la Cruz, para nuestra redención. Nosotros tenemos esa obligación de estar a la orden de los demás, servirlos, no juzgarlos. No levantar falsos testimonios, ni mentir.
         Acordémonos en las navidades, no solo del Niño Jesús, sino de nuestro Padre. Tengamos la seguridad que Él nos ama. Lo demostró cuando nos envió a Jesús, para enseñarnos a conocer la voluntad divina, y además, nos unió a la Madre de Dios, con el ejemplo de ella que nos dice: Yo soy la esclava del Señor. Hágase en mi tu voluntad, que es amor puro y corazón de oro.
         En esta Navidad recemos por el Niño Jesús. Dejemos por un momento los regalos materiales, y llenémonos con el mejor regalo de todos: ir con Jesús, recién nacido, a visitar a María, nuestra madre. Vivamos la voluntad de Dios que recuperó al ser humano, para hacerlo templo del Espíritu Santo. Amén.
          

        
        


sábado, 8 de noviembre de 2014

EXPULSA DEL TEMPLO A LOS MERCADERES

LECCIÓN DE CRISTO 9-11-2014


         JN 2, 13-22. Jesús tiene una forma original para hacer llegar su mensaje, y tiene que ser así, por la dureza del corazón humano para entender lo que es el espíritu frente a lo material. En este evangelio del domingo 9 de noviembre, nos dice en definitiva que no podemos confundir lo material con lo espiritual. Hablar con Dios de verdad, requiere dejar la plata por fuera del pensamiento divino, aquel que nos une al amor de Dios.
         No podemos rezar para ganarnos la lotería, por ejemplo. Lo hacemos para vivir con Jesús y María, donde todo lo material queda guardado en el cuarto de San Alejo, porque lo importante es examinar cómo estamos frente a la voluntad de Dios. Es allá a través del amor a Dios, que encontramos la solución a todos los problemas que tenemos, especialmente aquellos que se ocultan en nuestro inconsciente, donde guardamos el estrés inconsciente que nos lleva a cometer actos contra el amor a Dios, y finalmente contraer enfermedades mortales.
         Nuestra misión en la tierra es estar al servicio de los demás. No solamente no juzgar al prójimo, sino ayudarlo si podemos, estando a su servicio, y sobretodo podamos devolver las injurias o los actos de agresión, con esa sonrisa interna que nos da Nuestro Señor, haciéndonos ver que la vida pasajera, solo es una oportunidad para crecer espiritualmente, estar alegres y satisfechos, por nuestra acción nacida del amor a Jesús y a María. Desapareciendo todos esos sentimientos que nos llevan al odio, y a las acciones, precisamente, aquellas por las que expulsó Jesús a los mercaderes del templo.