LECCIÓN
DE CRISTO 2-11-2014
Lucas 24,1-53. Muchas veces, a solas o
en compañía, nos preguntamos acerca de cuestiones existenciales y también
acerca de la muerte. ¿Qué es la muerte, qué pasa después? Este evangelio de
Mateo tiene que ver justamente con eso. Nos parece que ningún ser humano no nos
ha dicho que sigue después de la muerte. Pero si hubo uno. Se llama Jesús, como
nos relata Mateo. Él resucitó después de muerto. Se apareció a los discípulos
de Emaús, y luego se apareció a los apóstoles, a quienes dijo antes de irse: “Estaba
escrito que el Mesías tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día, y
que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados
a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas
cosas. Sabed que voy a enviar lo que os ha prometido tu Padre. Por vuestra
parte quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto”.
Uno lee a Mateo, y uno tiene que ser
capaz de contestar a una pregunta tan, pero tan profunda, como esa de saber que
viene después de la muerte. Es lo que estudia la escatología precisamente. Propongo
una respuesta desde la fe. Muchas veces me he preguntado cuestiones incapaces que
son imposibles de responder racionalmente. Este trabajo tiene que ver con el
fin de los tiempos, con lo que pasará después. Por todo eso, debemos dejar a un
lado la filosofía y darle paso a la fe en Dios. Debemos entregarle nuestras
dudas a Él, el autor de la vida y de la muerte.
La escatología cristiana nos lleva a
acercarnos a Dios. La palabra escatología deriva del griego ‘éskhata’, que
significa "cosas últimas"; fue traducida al latín en la versión de la
Biblia llamada "La Vulgata", como ‘novissima’, que significa "lo
más nuevo" o "las cosas más recientes".
"En todas tus acciones ten
presente tu fin, y jamás cometerás pecado". (Ecl 7, 36). Es común que se
recurra a este último pasaje bíblico para intentar fundamentar un tratado de
escatología, en la que la Biblia se refiere al fin individual de cada persona. Sin
embargo, con esta definición se hace a un lado a lo que se conoce como
escatología intermedia: aquella que estudia la etapa que va desde la muerte de
cada persona hasta el final de toda la humanidad. La escatología en el Nuevo
Testamento tiene su característica propia en el acontecimiento de Cristo,
considerado como presencia personal de Dios en la Tierra y también como
anticipación de la manifestación futura de Dios con la venida del Espíritu
Santo. Desde sus comienzos la fe cristiana consideró a la resurrección de
Cristo, no sólo en relación al pasado como cumplimiento de las profecías
divinas, sino también en relación al futuro, como anticipación y garantía de la
salvación venidera al final de los tiempos. El sentido escatológico del
misterio de Cristo, desde su entrada en el mundo hasta su resurrección,
adquiere así una perspectiva nueva: aparece la teología de la carta a los
Hebreos, por ejemplo, que nos da su visión de Cristo como presencia personal de
Dios en la historia, (Hb 1, 1.4). Según San Pablo, Cristo se encarna en
"la plenitud de los tiempos", (Gal 4,4) y presenta todo el misterio
de Dios como un mismo acontecimiento que se inicia en la encarnación como
apropiación de nuestra existencia temporal y mortal, y culmina en la cruz
"… se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz.
Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está por encima de todo
nombre" (Flp 2, 6-11), y que llega a su plenitud con la glorificación del
Señor. San Pablo subraya también el acto de la potencia divina en su
resurrección, que da lugar a la divinización plena de la humanidad de Cristo,
(Col 1,9; 2,9). Cristo se hace hombre para que el hombre se haga Dios. Cristo
nos comunica una gracia que nos la hace saber con la cruz. Y esto lo hacemos
movidos por la fe que Cristo nos inspira, fundada en el amor que Dios nos tiene,
como sus hijos que Él creo con su amor puro y su corazón de oro.
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