martes, 4 de noviembre de 2014

MENSAJE DE LA RESURRECCIÓN

LECCIÓN DE CRISTO 2-11-2014

         Lucas 24,1-53. Muchas veces, a solas o en compañía, nos preguntamos acerca de cuestiones existenciales y también acerca de la muerte. ¿Qué es la muerte, qué pasa después? Este evangelio de Mateo tiene que ver justamente con eso. Nos parece que ningún ser humano no nos ha dicho que sigue después de la muerte. Pero si hubo uno. Se llama Jesús, como nos relata Mateo. Él resucitó después de muerto. Se apareció a los discípulos de Emaús, y luego se apareció a los apóstoles, a quienes dijo antes de irse: “Estaba escrito que el Mesías tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Sabed que voy a enviar lo que os ha prometido tu Padre. Por vuestra parte quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de  lo alto”.
         Uno lee a Mateo, y uno tiene que ser capaz de contestar a una pregunta tan, pero tan profunda, como esa de saber que viene después de la muerte. Es lo que estudia la escatología precisamente. Propongo una respuesta desde la fe. Muchas veces me he preguntado cuestiones incapaces que son imposibles de responder racionalmente. Este trabajo tiene que ver con el fin de los tiempos, con lo que pasará después. Por todo eso, debemos dejar a un lado la filosofía y darle paso a la fe en Dios. Debemos entregarle nuestras dudas a Él, el autor de la vida y de la muerte.
         La escatología cristiana nos lleva a acercarnos a Dios. La palabra escatología deriva del griego ‘éskhata’, que significa "cosas últimas"; fue traducida al latín en la versión de la Biblia llamada "La Vulgata", como ‘novissima’, que significa "lo más nuevo" o "las cosas más recientes".
         "En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado". (Ecl 7, 36). Es común que se recurra a este último pasaje bíblico para intentar fundamentar un tratado de escatología, en la que la Biblia se refiere al fin individual de cada persona. Sin embargo, con esta definición se hace a un lado a lo que se conoce como escatología intermedia: aquella que estudia la etapa que va desde la muerte de cada persona hasta el final de toda la humanidad. La escatología en el Nuevo Testamento tiene su característica propia en el acontecimiento de Cristo, considerado como presencia personal de Dios en la Tierra y también como anticipación de la manifestación futura de Dios con la venida del Espíritu Santo. Desde sus comienzos la fe cristiana consideró a la resurrección de Cristo, no sólo en relación al pasado como cumplimiento de las profecías divinas, sino también en relación al futuro, como anticipación y garantía de la salvación venidera al final de los tiempos. El sentido escatológico del misterio de Cristo, desde su entrada en el mundo hasta su resurrección, adquiere así una perspectiva nueva: aparece la teología de la carta a los Hebreos, por ejemplo, que nos da su visión de Cristo como presencia personal de Dios en la historia, (Hb 1, 1.4). Según San Pablo, Cristo se encarna en "la plenitud de los tiempos", (Gal 4,4) y presenta todo el misterio de Dios como un mismo acontecimiento que se inicia en la encarnación como apropiación de nuestra existencia temporal y mortal, y culmina en la cruz "… se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz. Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está por encima de todo nombre" (Flp 2, 6-11), y que llega a su plenitud con la glorificación del Señor. San Pablo subraya también el acto de la potencia divina en su resurrección, que da lugar a la divinización plena de la humanidad de Cristo, (Col 1,9; 2,9). Cristo se hace hombre para que el hombre se haga Dios. Cristo nos comunica una gracia que nos la hace saber con la cruz. Y esto lo hacemos movidos por la fe que Cristo nos inspira, fundada en el amor que Dios nos tiene, como sus hijos que Él creo con su amor puro y su corazón de oro.

         

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