LECCIÓN DE CRISTO 23.11.2014
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Mt. 25,31-46. Según la doctrina
católica, inmediatamente después de la resurrección de los muertos tendrá lugar
el Juicio Final, Juicio Universal o Juicio General. El Juicio Final es una
verdad de fe expresamente contenida en la Sagrada Escritura y definida por la
Iglesia de una manera explícita.
Por ello cada vez que rezamos el Credo
recordamos este artículo de la fe cristiana: “(Jesucristo) vendrá de nuevo con
gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”.
Jesús, en Mateo, deja sus últimas
instrucciones a sus discípulos diciendo: “Cuando el Hijo del hombre venga con
su gloria rodeado de todos los ángeles se sentará en su trono glorioso…”, y
luego viene la referencia al hombre, como persona con obligaciones, ya que la
vida dada por Dios es una gracia que no se puede desperdiciar, y que tiene
obligaciones con el prójimo. Entre otras cosas no juzgarlo, aceptarlo porque
todos somos diferentes, y servirlo, y sobre todas las cosas perdonarlo. Si no
lo hacemos, no somos cristianos.
Veamos lo que dice Jesús al final del
evangelio de Mateo 25,31-46, refiriéndose al prójimo cuando tuvo hambre y sed, y le dimos de comer y beber; cuando lo
alojamos, cuando estuvo desnudo y lo vestimos, enfermo y preso y fuimos a
verlo, que eso lo hicimos con Él, y por
ello “yo les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis
hermanos, lo hicieron conmigo. Y esto nos da el derecho de ir al cielo con
Jesús y María.
Precisamente una de las corinillas de la
Inmaculada Concepción nos trae la coronilla de la CARIDAD, para hacernos saber
que estamos todos y cada uno al servicio de los demás. No podemos quedarnos
sentados pensando en sí mismos, sin hacer nada por los demás. Nuestra mente tiene
que estar dirigida diariamente a ayudar, a trabajar, a hacer obras por los
demás.
Sí, claro, todos los seres humanos son
diferentes, hasta en la huella digital, en la manera de ser y de pensar. Pero
Jesús nos hace ver que todos somos hijos de Dios, y por ello tenemos que mirar
a todos los seres humanos con respeto, y con el ánimo de ayudarlo, de tratarlo
con amabilidad, de servirlo, en fin.
“Vengan, benditos de mi Padre, y
reciban en herencia el reino que está preparado para ustedes desde el comienzo
del mundo, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me
dieron de beber; estuve fuera de mi patria, y ustedes me alojaron; desnudo, y
me vistieron; preso, y vinieron a verme”.
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