lunes, 29 de septiembre de 2014

La verdadera obediencia

LECCIÓN DE CRISTO 28.9.2014


         Mt. 21, 28-32. Jesús nos lleva a despertar en nosotros una confianza total en Él. No hay engaños ni dudas. Uno cuenta con su consejo, con su buena fe, no hay misterios, ni miedo a que  cambie su manera de ser. Jesús es el mismo siempre: corazón puro y corazón de oro, como su Padre que está en el cielo.
         La verdadera obediencia tiene ese fundamento, que nos permite permanecer fieles a Él, sin ninguna traba o argucia. Uno se da totalmente, tal como lo hizo Jesús en la Cruz. Desaparecen las dudas, para que hagamos la entrega total para siempre.
         En este espíritu de Cristo no cabe estar un momentico o un ratico, y luego abandonar sin motivo su compañía. Las parábolas de Jesús tienen en un principio dudas sobre lo que quiso decir en realidad. Es una forma de enseñarnos a pensar en profundidad. Podemos quedar confundidos por un momento, pero luego llegamos a la claridad. Del obrero que no aceptó y luego se fue a trabajar, se deduce que recapacitó y cambió su manera de pensar.
         Es lo que debemos hacer, y no por un ratico, sino para siempre. Con Jesús tenemos la manera de ser felices, aún en los momentos más críticos de la vida. Siempre vamos a tener el consuelo. Y además vamos a encontrar la forma de superar las minucias de la vida cotidiana, lo que nos permite estar alegres y realizados en todos los momentos de nuestra vida, para superar los problemas que nos traiga el día al día. Amén.
        


domingo, 21 de septiembre de 2014

LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS.

LECCIÓN DE CRISTO 21.9.2014
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        Mateo 19,30 y 20, 1-16.  Jesús nos trae un ejemplo magnífico para explicar como funcionamos los humanos. No podemos entender que los obreros que trabajaron apenas unas horas reciban el mismo denario, como lo hicieron los que trabajaron todo el día. Pensamos que el patrón que hizo tal cosa es injusto.
         Creo que la mejor manera de entender a Jesús, es pensar en el amor de su Padre. Él está siempre presente, para recibirnos en el momento que deseemos hacerlo. No importa si lo hacemos al comienzo o al final. Lo básico es realizar el amor de Dios, porque Él no quiere perdernos. Nos da el chance hasta lo último. Él es, amor puro y corazón de oro.
         Un moribundo que se arrepienta de sus pecados en el último minuto de su vida, el Padre lo recibe con los brazos abiertos, como a todos los que lo aman. Dios es amor puro y corazón de oro, repetimos.
         La vida es difícil, Él conoce nuestras debilidades, de manera que cuando dice: “Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos”, nos está haciendo caer en cuenta que todos los seres humanos tiene la puerta del cielo abierta hasta el último momento de su vida. Porque su amor es básicamente generoso, y su corazón es infinitamente fiel, como lo vimos en la Pasión de Jesús, a través de un corazón que no desfallece, así sean los terribles sufrimientos de la Cruz.
         Por eso Él nos espera siempre con los brazos abiertos. Jesús también nos lo recuerda con el ejemplo de la parábola del Hijo Pródigo. La parábola fundamentalmente recalca la misericordia de Dios hacia los pecadores arrepentidos y su alegría ante la conversión de los descarriados; esto ha llevado a muchos teólogos y expertos bíblicos a pensar que el nombre de la parábola debería ser “el padre misericordioso”, en lugar de “el hijo pródigo”.
         En Mateo 20,1-16, el dueño de la viña le recuerda a los obreros que el contrato se acordó por un denario, y ellos protestan, porque los últimos han recibido lo mismo que los primeros. En el Hijo Pródigo, en cambio, el que protesta a su padre es su hermano, y le recrimina a su padre diciéndole: “Hace ya tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás tu órdenes…”, y nunca ha recibido de él, lo que le ha dado a su hermano, el Hijo Pródigo, ahora que vuelve a su casa, a donde llegó como un pobre miserable, y el Padre lo recibe con gran fiesta, celebrando su regreso.
         Eso nos hace ver lo que nuestro Padre Dios hace con nosotros, donde lo más importante para Él, es que regresemos a su lado, y corrijamos nuestra vida, tal cual lo hizo el Hijo Pródigo.       Allí no interesa el momento en que lo hagamos, y es por ello que debemos aceptar cuando veamos que nuestro Padre Dios lo hizo hace poco, con nuestro prójimo que vive en el apartamento de al lado, y que no nos dejaba dormir por el ruido que hacía, luego de que la adicción al trago le produjo la muerte. Estuve en el momento de su muerte, junto al sacerdote que lo confesó, y luego de morir le cerró los ojos. Y se fue a Dios… En conclusión: lo que vale es el interior del hombre. Ahí está el tesoro. Eso es lo que cuenta. Quedan atrás las horas trabajadas, el hombre rico, la adicción al trago, la historia del amor al dinero, y en fin todo lo material de la historia, y se cambia por lo espiritual, aquello que nos abre la puerta del cielo donde habita Dios, para todos los seres humanos que quieran abrir esa puerta, donde siempre a la espera está ÉL.  
          
          
        
  
        


domingo, 14 de septiembre de 2014

EL PERDÓN DE LAS INJURIAS

LECCIÓN DE CRISTO 14.9.2014

         Mt. 21-35. Es muy difícil perdonar, ciertamente. Hay personas que no pueden. Pareciera que en su interior hay algo que lo impide. De ahí nació una palabra que ha servido de castigo a quien la sufre: ¡Eso es imperdonable! Y la verdad siguiendo a Jesús, su amor puro y corazón de oro, es que esa palabra no existe para Él. Todo es perdonable.
         Y uno pensaría que Jesús lo hiciera para dos cosas: para bien del que perdona, y también para bien del perdonado. Todos quedamos entonces contentos. En paz consigo mismo y con los demás. Eso nos llena de salud, y hace que la vida sea bella, como debe serlo siempre.
         Este es el significado de Jesús, cuando dice sobre el hecho de perdonar: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Es una manera de decir: siempre. Porque siempre hay que perdonar.
         Lo que viene luego del perdón es la reconciliación. Bueno, no siempre es posible que se de, como Dios quiere. Para bien de uno y de otro. Sino que tiene para los dos la obligación de  hacer un manejo, que nos lleve siempre a lo positivo. Que no queden heridas. Que se curen en ambas partes.
         Todo exige reflexión, análisis, discernimiento, que muchas veces no hacemos con buena fe. Es decir, quedan a veces rescoldos del odio que se incrustan en el inconsciente, de una manera, como lo vimos luego de las guerras Primera, Segunda, y la Tercera que nos avecina. ¿Y esto? Porque no aprendemos a hacerlo como se debe hacer profundamente, quitando de nosotros todos esos escollos que dejamos en el inconsciente dormidos, y que se despiertan para volver a quedar en lo mismo, sin perdón, cuando lo debemos hacer setenta veces siete.

         Hay en nuestro cuerpo un sistema inmunológico natural que nos mantiene con salud. El inconsciente, con la falta de perdón, afecta este sistema, sin que nosotros nos demos cuenta. De ahí que la palabra de Jesús, nos lleva a reflexionar para que analicemos que significa ese número, que al oírlo nos ha dejado en suspenso. Nos parece infinito, injusto, inconcebible, etc. Pero en el fondo nos dice varias cosas: que perdonar no es fácil, por un lado, y por el otro que debemos hacerlo para no afectar nuestra salud, nuestro sistema inmunológico natural, al que casi nunca traemos a cuento, para sanar. El que no perdona tiene esa mole encima que lo aplasta. Por eso el perdón es lo máximo para Jesús, y lo fue, cuando en la Cruz, dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¡Qué enseñanza! Memoricemos, y repitamos esta frase siempre, a toda hora. Especialmente cuando todos los colombianos tenemos el perdón, bien lejano, en la Habana, Cuba.   

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA CORRECCIÓN FRATERNA EN LA HABANA

LECCIÓN DE CRISTO 6.9.2014
        
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         Mt.18,15-20.  El evangelio de este domingo siete de septiembre de 2014, deberían leerlo en La Habana, a ver si es posible llegar a un acuerdo pronto. Colombia lo necesita. Muchos pueblos indígenas lo requieren para salir de la extrema pobreza en que viven. Y lo mismo el campesino del campo, que no es mencionado nunca en la mesa de La Habana. Por eso, el atraso y la poca credibilidad que haya paz, es evidente. Tanto la actitud del gobierno, como la de los terroristas está a años luz de llegar a un acuerdo, como lo enseña Jesús. Los sentimientos de las partes descansan en lo material. Pienso que Fidel, Chávez, Ortega, y tanto líderes suramericanos, movidos por el poder y la vanagloria, distan años luz de la soñada alma de Jesús, para poner el corazón sobre la mesa de las negociaciones.
         A propósito de esto: “Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre celestial. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es sencillo y directo, dejando de lado ese ego, movido solo por la droga y el dinero. En resumen, el que ha estado en la mesa de La Habana es el diablo, así de sencillo.
         Hablar de víctimas y de falsos positivos de la manera como se han tratado en la mesa de negociaciones, nos presenta un corazón enfermo. Jesús, lo trata de esta manera: “Si tu hermano ha pecado contra ti, ve y repréndelo a solas; si te escucha has ganado a tu hermano; pero si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que toda causa sea decidida por la palabra de dos o tres testigos. Si no quiere escucharles, dilo a la comunidad; y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano y publicano”.
         Eso nos lleva a que tenemos que decidirnos por una de dos salidas. Si no las hay, pues parece que lo de La Habana hay que dejarlo para que lo arreglen paganos, que no creen en Jesús, o por publicanos, a quienes solo los mueve la plata y no el corazón. Amén.