LECCIÓN DE
CRISTO 6.9.2014
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Mt.18,15-20. El evangelio de este domingo siete de septiembre de 2014, deberían
leerlo en La Habana, a ver si es posible llegar a un acuerdo pronto. Colombia
lo necesita. Muchos pueblos indígenas lo requieren para salir de la extrema
pobreza en que viven. Y lo mismo el campesino del campo, que no es mencionado
nunca en la mesa de La Habana. Por eso, el atraso y la poca credibilidad que
haya paz, es evidente. Tanto la actitud del gobierno, como la de los
terroristas está a años luz de llegar a un acuerdo, como lo enseña Jesús. Los
sentimientos de las partes descansan en lo material. Pienso que Fidel, Chávez,
Ortega, y tanto líderes suramericanos, movidos por el poder y la vanagloria,
distan años luz de la soñada alma de Jesús, para poner el corazón sobre la mesa
de las negociaciones.
A propósito de esto: “Os aseguro que si
dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan
les será concedida por mi Padre celestial. Porque donde hay dos o tres reunidos
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es sencillo y directo, dejando
de lado ese ego, movido solo por la droga y el dinero. En resumen, el que ha
estado en la mesa de La Habana es el diablo, así de sencillo.
Hablar de víctimas y de falsos
positivos de la manera como se han tratado en la mesa de negociaciones, nos
presenta un corazón enfermo. Jesús, lo trata de esta manera: “Si tu hermano ha
pecado contra ti, ve y repréndelo a solas; si te escucha has ganado a tu hermano;
pero si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que toda causa sea
decidida por la palabra de dos o tres testigos. Si no quiere escucharles, dilo
a la comunidad; y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como
pagano y publicano”.
Eso nos lleva a que tenemos que
decidirnos por una de dos salidas. Si no las hay, pues parece que lo de La
Habana hay que dejarlo para que lo arreglen paganos, que no creen en Jesús, o
por publicanos, a quienes solo los mueve la plata y no el corazón. Amén.
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