domingo, 21 de septiembre de 2014

LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS.

LECCIÓN DE CRISTO 21.9.2014
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        Mateo 19,30 y 20, 1-16.  Jesús nos trae un ejemplo magnífico para explicar como funcionamos los humanos. No podemos entender que los obreros que trabajaron apenas unas horas reciban el mismo denario, como lo hicieron los que trabajaron todo el día. Pensamos que el patrón que hizo tal cosa es injusto.
         Creo que la mejor manera de entender a Jesús, es pensar en el amor de su Padre. Él está siempre presente, para recibirnos en el momento que deseemos hacerlo. No importa si lo hacemos al comienzo o al final. Lo básico es realizar el amor de Dios, porque Él no quiere perdernos. Nos da el chance hasta lo último. Él es, amor puro y corazón de oro.
         Un moribundo que se arrepienta de sus pecados en el último minuto de su vida, el Padre lo recibe con los brazos abiertos, como a todos los que lo aman. Dios es amor puro y corazón de oro, repetimos.
         La vida es difícil, Él conoce nuestras debilidades, de manera que cuando dice: “Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos”, nos está haciendo caer en cuenta que todos los seres humanos tiene la puerta del cielo abierta hasta el último momento de su vida. Porque su amor es básicamente generoso, y su corazón es infinitamente fiel, como lo vimos en la Pasión de Jesús, a través de un corazón que no desfallece, así sean los terribles sufrimientos de la Cruz.
         Por eso Él nos espera siempre con los brazos abiertos. Jesús también nos lo recuerda con el ejemplo de la parábola del Hijo Pródigo. La parábola fundamentalmente recalca la misericordia de Dios hacia los pecadores arrepentidos y su alegría ante la conversión de los descarriados; esto ha llevado a muchos teólogos y expertos bíblicos a pensar que el nombre de la parábola debería ser “el padre misericordioso”, en lugar de “el hijo pródigo”.
         En Mateo 20,1-16, el dueño de la viña le recuerda a los obreros que el contrato se acordó por un denario, y ellos protestan, porque los últimos han recibido lo mismo que los primeros. En el Hijo Pródigo, en cambio, el que protesta a su padre es su hermano, y le recrimina a su padre diciéndole: “Hace ya tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás tu órdenes…”, y nunca ha recibido de él, lo que le ha dado a su hermano, el Hijo Pródigo, ahora que vuelve a su casa, a donde llegó como un pobre miserable, y el Padre lo recibe con gran fiesta, celebrando su regreso.
         Eso nos hace ver lo que nuestro Padre Dios hace con nosotros, donde lo más importante para Él, es que regresemos a su lado, y corrijamos nuestra vida, tal cual lo hizo el Hijo Pródigo.       Allí no interesa el momento en que lo hagamos, y es por ello que debemos aceptar cuando veamos que nuestro Padre Dios lo hizo hace poco, con nuestro prójimo que vive en el apartamento de al lado, y que no nos dejaba dormir por el ruido que hacía, luego de que la adicción al trago le produjo la muerte. Estuve en el momento de su muerte, junto al sacerdote que lo confesó, y luego de morir le cerró los ojos. Y se fue a Dios… En conclusión: lo que vale es el interior del hombre. Ahí está el tesoro. Eso es lo que cuenta. Quedan atrás las horas trabajadas, el hombre rico, la adicción al trago, la historia del amor al dinero, y en fin todo lo material de la historia, y se cambia por lo espiritual, aquello que nos abre la puerta del cielo donde habita Dios, para todos los seres humanos que quieran abrir esa puerta, donde siempre a la espera está ÉL.  
          
          
        
  
        


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