domingo, 14 de septiembre de 2014

EL PERDÓN DE LAS INJURIAS

LECCIÓN DE CRISTO 14.9.2014

         Mt. 21-35. Es muy difícil perdonar, ciertamente. Hay personas que no pueden. Pareciera que en su interior hay algo que lo impide. De ahí nació una palabra que ha servido de castigo a quien la sufre: ¡Eso es imperdonable! Y la verdad siguiendo a Jesús, su amor puro y corazón de oro, es que esa palabra no existe para Él. Todo es perdonable.
         Y uno pensaría que Jesús lo hiciera para dos cosas: para bien del que perdona, y también para bien del perdonado. Todos quedamos entonces contentos. En paz consigo mismo y con los demás. Eso nos llena de salud, y hace que la vida sea bella, como debe serlo siempre.
         Este es el significado de Jesús, cuando dice sobre el hecho de perdonar: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Es una manera de decir: siempre. Porque siempre hay que perdonar.
         Lo que viene luego del perdón es la reconciliación. Bueno, no siempre es posible que se de, como Dios quiere. Para bien de uno y de otro. Sino que tiene para los dos la obligación de  hacer un manejo, que nos lleve siempre a lo positivo. Que no queden heridas. Que se curen en ambas partes.
         Todo exige reflexión, análisis, discernimiento, que muchas veces no hacemos con buena fe. Es decir, quedan a veces rescoldos del odio que se incrustan en el inconsciente, de una manera, como lo vimos luego de las guerras Primera, Segunda, y la Tercera que nos avecina. ¿Y esto? Porque no aprendemos a hacerlo como se debe hacer profundamente, quitando de nosotros todos esos escollos que dejamos en el inconsciente dormidos, y que se despiertan para volver a quedar en lo mismo, sin perdón, cuando lo debemos hacer setenta veces siete.

         Hay en nuestro cuerpo un sistema inmunológico natural que nos mantiene con salud. El inconsciente, con la falta de perdón, afecta este sistema, sin que nosotros nos demos cuenta. De ahí que la palabra de Jesús, nos lleva a reflexionar para que analicemos que significa ese número, que al oírlo nos ha dejado en suspenso. Nos parece infinito, injusto, inconcebible, etc. Pero en el fondo nos dice varias cosas: que perdonar no es fácil, por un lado, y por el otro que debemos hacerlo para no afectar nuestra salud, nuestro sistema inmunológico natural, al que casi nunca traemos a cuento, para sanar. El que no perdona tiene esa mole encima que lo aplasta. Por eso el perdón es lo máximo para Jesús, y lo fue, cuando en la Cruz, dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¡Qué enseñanza! Memoricemos, y repitamos esta frase siempre, a toda hora. Especialmente cuando todos los colombianos tenemos el perdón, bien lejano, en la Habana, Cuba.   

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