LECCIÓN
DE CRISTO 30.11.2014
(www.ireguimilton.blogspot.com)
MARCOS 13, 33-37. Dice Jesús que permanezcamos
despiertos, porque no sabemos cuando llegará la hora. Por eso en el mundo
hablamos del día al día, porque cada día tiene su afán, y no sabemos en cual de
ellos nos llegará la hora. La vida es pasajera. Si perdemos una hora, no la
recobramos. Las oportunidades pasan y se van para siempre. Es en el tiempo
presente que estamos en vela, porque tenemos que estar alertas para lo que
viene.
Hagamos un ensayo y revivamos en
nuestro interior aquella vez que nos quedamos dormidos manejando. Vivamos esos
momentos, cuando nos despertó el movimiento del carro sobre la cuneta de la
carretera. ¡No pasó nada! Es verdad, nos despertó el movimiento del carro.
Estuvimos de buenas, no hubo contra que darnos. Pero nos queda la experiencia
de ver la necesidad de estar siempre despiertos cuando estamos al volante.
Es de niños decir semejante cosa. ¿Y
cuando nos llegó la cuenta que no esperábamos, y nos cogió sin cinco? Y cuando
íbamos a presentar una entrevista de empleo, y al momento que nos llamaron nos
habíamos dormido en la larga espera. El puesto lo ganó otro, y lo supimos, y
sentimos una frustración grande.
Hay millones de cosas que nos trae la
vida, donde nos dice en cada una: “¡Estad
en vela!”. Pero luego pasan las horas, viene el otro día, y entramos a
distraernos, no porque seamos demasiados descuidados, sino porque el día al día
trae millones de situaciones distintas, de oportunidades, de ocasiones, que
perdemos por no estar en vela. Algunas las aprovechamos y otras las dejamos
pasar.
Sería bueno acordarnos diariamente de
dos coronillas que nos recomienda María Santísima. Una es la paciencia, que nos
permite conservar una actitud sin desesperarnos. Y lo mismo, es estar siempre
en vela. Y la otra coronilla, es la perseverancia. Nos puede cambiar la vida
las veces que quiera el mundo pasajero, y nosotros permanecemos en lo mismo.
Podemos distraernos, y nuestra imaginación llevarnos a diferentes situaciones.
Pero María no recuerda la paciencia que nos remite a razonar sin alteraciones,
siempre ceñidos al propósito de estar en vela, y la perseverancia, que nos trae
de paso, aquellos propósitos que hemos discutido con Jesús, fincados en la
voluntad del Señor, para sacarle a la vida el crecimiento que necesitamos para
superar los problemas, y sentir esa alegría que nos da María nuestra madre, por
ser buenos administradores de nuestro tiempo, estando como siempre dentro de la
voluntad de nuestro Padre.
¡Quien es ese Señor Padre! Un Espíritu
que no tiene las limitaciones de tiempo y espacio para ver el recorrido de
nuestra vida de atrás para adelante y viceversa, de manera que el don de la
vida, como es una gracia dada por Él, está haciendo lo que toca, siguiendo la
voluntad del que mejor sabe cómo son las cosas: Nuestro Padre. Él, con Jesús y
María, nos lleva siguiendo las coronillas que recomienda María, para ser Hijos
de Dios, y Templos del Espíritu Santo.
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