LECCIÓN
DE CRISTO 7.12.2014
Mc.
1,1-8. Juan,
estando en el Río Jordán, dice: “… Yo os
bautizo con agua, pero Él os bautizará en el Espíritu Santo”. Desde
entonces los seres humanos somos templos del Espíritu Santo. Tenemos que ser
conscientes de esto para comportarnos como toca. Por eso nos parece tan difícil
entender al guerrillero, que utiliza las armas físicas para dominar, lo que
solo se puede hacer con el alma, donde habita el Espíritu Santo.
En ese templo no caben los asesinatos,
ni tampoco los llamados falsos positivos. Estos hechos demeritan la vida de
quién los hace, y quedan por el suelo los valores que tienen que estar en lo
alto de nuestra bandera patria. No hay excusa, ni nada que justifique el
compromiso de hacer de la vida un templo, para gozar haciendo el mal a los
demás.
Cuando tenemos esa guía en nuestro
interior, no se nos ocurra pretender que haciendo el mal vamos a estar bien. Es
lo contrario vamos a estar mal siempre, y nada puede justificar creer que
estamos haciendo el bien. Sobre todo en
lo político.
El hombre desde el siglo de la
revolución francesa para acá, ha sabido que solo la democracia, el poder dado
por el pueblo, es lo que nos lleva al progreso humano, haciendo que todos los
seres humanos seamos fieles respetuosos
de la vida.
Pero, ¿qué es la vida? Es el templo que
construyó el Espíritu Santo. ¡Somos templos de la vida! Y casi nadie ha hecho
un discurso en el Congreso de la República de lo que es la vida. Aquello que
mueve toda nuestra legislación, y promueve todo lo que representa, a pesar de
ser pasajera y tener defectos humanos, como el orgullo, el amor por el dinero,
ese sentirse dueño de la propia vida y de la vida de los demás.
No somos dueños de la vida. Es un bien que nos regala el Creador de ella.
Por eso es una oportunidad que tenemos que aprovecharla. Hay que admirarla,
porque es bella, cuando la utilizamos en beneficio de los demás. El sueño que
tenemos de ella, es un reto que tenemos que afrontar, día a día, porque no
somos dueños del tiempo. Día perdido, día irrecuperable. La vida es un deber en
el ahora, no podemos dejar nada para mañana, es ahora o nunca.
Por eso la vida es fuego, fuego que nos
hace crecer si utilizamos la riqueza que tenemos en ella fundada en el amor a
Dios, a los demás y a sí mismo. El misterio de la vida es ese, descubrir
nuestra misión, y conocer la riqueza que tenemos en los dones que recibimos del
Creador de ella.
El combate en esta vida, no está en el
territorio que dominan las FARC y el
ELN. Está en nuestro interior para ordenar nuestra acción hacia el amor por
Colombia, y por todos los colombianos, tal como son: blancos, indígenas y
afrodescendientes, y ver esa inmensa
riqueza que nos regaló la madre naturaleza. Una de las más diversas del mundo.
Pero casi ninguno de los colombianos reconoce en ella, precisamente, la vida,
la que nos regaló el Creador, y menos que somos templos del Espíritu Santo. Nos
fascina el crimen, o no nos importa. Pasa lo que pasa y seguimos arruinando la
vida, esa vida pasajera que no es eterna, y que es concedida por el Creador
como una oportunidad para volver a su seno en la otra vida. Es por eso mismo
que Jesús nos bautiza, no con agua, sino con el Espíritu Santo, para darle a la
vida el contenido del amor puro, y el corazón de oro que caracteriza todo lo
que hace el Creador. ¡Y ya!
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