sábado, 6 de diciembre de 2014

PREDICACIÓN DE JUAN BAUTISTA

LECCIÓN DE CRISTO 7.12.2014


         Mc. 1,1-8. Juan, estando en el Río Jordán, dice: “… Yo os bautizo con agua, pero Él os bautizará en el Espíritu Santo”. Desde entonces los seres humanos somos templos del Espíritu Santo. Tenemos que ser conscientes de esto para comportarnos como toca. Por eso nos parece tan difícil entender al guerrillero, que utiliza las armas físicas para dominar, lo que solo se puede hacer con el alma, donde habita el Espíritu Santo.
         En ese templo no caben los asesinatos, ni tampoco los llamados falsos positivos. Estos hechos demeritan la vida de quién los hace, y quedan por el suelo los valores que tienen que estar en lo alto de nuestra bandera patria. No hay excusa, ni nada que justifique el compromiso de hacer de la vida un templo, para gozar haciendo el mal a los demás.
         Cuando tenemos esa guía en nuestro interior, no se nos ocurra pretender que haciendo el mal vamos a estar bien. Es lo contrario vamos a estar mal siempre, y nada puede justificar creer que estamos haciendo el  bien. Sobre todo en lo político.
         El hombre desde el siglo de la revolución francesa para acá, ha sabido que solo la democracia, el poder dado por el pueblo, es lo que nos lleva al progreso humano, haciendo que todos los seres humanos seamos  fieles respetuosos de la vida.
         Pero, ¿qué es la vida? Es el templo que construyó el Espíritu Santo. ¡Somos templos de la vida! Y casi nadie ha hecho un discurso en el Congreso de la República de lo que es la vida. Aquello que mueve toda nuestra legislación, y promueve todo lo que representa, a pesar de ser pasajera y tener defectos humanos, como el orgullo, el amor por el dinero, ese sentirse dueño de la propia vida y de la vida de los demás.
         No somos dueños de la vida.  Es un bien que nos regala el Creador de ella. Por eso es una oportunidad que tenemos que aprovecharla. Hay que admirarla, porque es bella, cuando la utilizamos en beneficio de los demás. El sueño que tenemos de ella, es un reto que tenemos que afrontar, día a día, porque no somos dueños del tiempo. Día perdido, día irrecuperable. La vida es un deber en el ahora, no podemos dejar nada para mañana, es ahora o nunca.
         Por eso la vida es fuego, fuego que nos hace crecer si utilizamos la riqueza que tenemos en ella fundada en el amor a Dios, a los demás y a sí mismo. El misterio de la vida es ese, descubrir nuestra misión, y conocer la riqueza que tenemos en los dones que recibimos del Creador de ella.
         El combate en esta vida, no está en el territorio que dominan las FARC  y el ELN. Está en nuestro interior para ordenar nuestra acción hacia el amor por Colombia, y por todos los colombianos, tal como son: blancos, indígenas y afrodescendientes,  y ver esa inmensa riqueza que nos regaló la madre naturaleza. Una de las más diversas del mundo. Pero casi ninguno de los colombianos reconoce en ella, precisamente, la vida, la que nos regaló el Creador, y menos que somos templos del Espíritu Santo. Nos fascina el crimen, o no nos importa. Pasa lo que pasa y seguimos arruinando la vida, esa vida pasajera que no es eterna, y que es concedida por el Creador como una oportunidad para volver a su seno en la otra vida. Es por eso mismo que Jesús nos bautiza, no con agua, sino con el Espíritu Santo, para darle a la vida el contenido del amor puro, y el corazón de oro que caracteriza todo lo que hace el Creador. ¡Y ya!
        

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