LECCIÓN DE
CRISTO 28.12.2014
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Lc. 2,22-40. Lucas trae a Simeón y a la
profetisa Ana, para anunciar el advenimiento del Mesías, ahora niño. Simeón
dice de Él a María: “Este niño está destinado en Israel para que unos caigan y
otros se levanten; será signo de contradicción para que sean descubiertos los
pensamientos de todos”. Y Ana daba gloria a Dios hablando del niño a todos los
que esperaban la liberación de Israel.
Algo muy profundo en los corazones
debía infundir el niño Jesús en las personas. Un niño con su presencia impacta.
Todos los niños lo hacen, cuando las personas que los ven son almas de Dios. Es
un sentimiento tan profundo, que no requiere palabras, sino sentimientos al verlos
tan diferentes a los adultos.
Los niños los hizo Dios y Él los
presenta como la expresión más profunda de la vida. Sinceramente, los adultos
en general se olvidan de la vida. ¿Pero qué
es la vida?
Un don, una gracia, un milagro, que
baja del cielo con el Espíritu Santo, y se posesiona de ese cuerpecito que
vemos con ternura, al que quisiéramos abrazar, consentir, besar, en fin. Lo
hacemos siempre sin saber que es un milagro de Dios.
Cuando somos adultos, conviene hacer
una análisis de qué es la vida, porque se nos olvida. Veamos: Es una oportunidad que tenemos que
aprovechar. Si la dejamos pasar, ya no podemos volver a ella en el pasado. La
vida es bella, tenemos que admirarla y no tratarla mal. La vida es un sueño,
pues como no conocemos el futuro tenemos que soñar para realizarla. La vida es
un reto que tenemos que afrontar, porque no podemos dejarla pasar sin hacer
nada, porque eso es botar su riqueza al caño.
Por eso la vida es un deber que tenemos
que cumplir, así nos dé pereza. La vida es un fuego que tenemos que disfrutar, AHORA,
pues la vida no la podemos dejar pasar, ella vive siempre en el AHORA. La vida
es preciosa, por eso tenemos que cuidarla. Y verla crecer, no sentados en un
silla sin hacer nada, sino trabajando para los demás. Eso nos hacer crecer
interiormente, y nos obliga a amar para gozarla frente a nosotros mismos y a
los demás. La vida es un misterio que tenemos diariamente que descubrirlo. Ese
es nuestro combate en el AHORA, algo que no podemos dejar para después.
Ahí en ese momento vemos que la vida es
un milagro, cuando logramos vivir la vida y realizamos una aventura que nos
propusimos hacer, dudando que podíamos y lo logramos agradecidos con el autor
de la vida. Es cuando la vida la volvemos felicidad, la merecemos y la amamos.
Soñemos con el Niño Jesús. Algo
milagroso debe tener ese niño para provocar nuestra Navidad, toda fundamentada
en el amor. Es la alegría que sentimos con los villancicos, el árbol de Navidad
y el canto de los gozos: Ven a nuestras alma, no tardes, tanto. Pero eso sí, si
queremos, y ojo, que tiene que ser AHORA mismo, antes de que se nos olvide cuando
regresemos a la vida que no es vida: aquella que se sumerge en lo material y se
ahoga en el mar con el trabajo y la pereza.
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