1. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Que la primera palabra
del Viernes Santo, sea la que ocupe el primer lugar en el corazón y los labios
de todos, para conseguir el Perdón y la paz de Colombia.
2. En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso. Ante Jesús, sus compañeros
crucificados se juegan su destino, su aceptación o su rechazo. Cristo sigue
ofreciendo salvación, misericordia, amor, cercanía, perdón, y por encima de
todo, lo hace con amor puro y corazón de oro, que está presente en Él siempre,
porque tiene ese poder infinito.
3. Mujer, he ahí a tu hijo. La madre es la única criatura que da la
vida por sus hijos. Ella es el centro del hogar. Por eso nos duele que haya
madres que maten a sus hijos en su vientre, o que los niños no tengan el hogar
que se merecen. ¿Dónde están los valores? En María tenemos la persona que vive
pendiente de esos valores, que hemos olvidado en esta época. Por eso Jesús da
esa orden en la Cruz. María es mucho más que nuestra Madre. ¡Ojo!
4. Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Dios, ¿dónde estás? Él no
responde, porque el destino humano, (no el divino), tiene unas metas trazadas
para cumplir un fin, por encima de todo. Él siempre quiere hablarnos, pero su palabra
de vida la hemos silenciado. ¡Hablemos con Dios de verdad! Sabiendo que la vida
humana tiene problemas por resolver, aún contra uno mismo. El destino obedece a
una orden de Dios… Está vinculado con la voluntad de Dios. Y es poderosa cuando
se cumple en bien de uno mismo y de todos. ¡Estamos salvados así!
5. Tengo sed. La sed es uno de los tormentos y experiencias más
duras que se pueden padecerse. Sin agua los seres vivos no pueden subsistir. No
solo hablamos de agua pura, sino también de aquella que alimenta nuestro
espíritu, como el perdón, por ejemplo. Por eso la vida está en el interior de
uno mismo, donde se encuentra la felicidad de ser bueno, en compañía de María y
Jesús.
6. Todo está consumado. Pero no hemos consumado el proyecto personal que tenemos
de Dios, ni la misión que se nos ha dado. Claro, a diferencia de Jesús que si
lo hizo. No hemos consumado, por ejemplo, el proyecto social que se debe
realizar en Colombia en el campo y con la palabra equidad, que no conocemos.
Por eso no existe la paz. Y por eso la paz no está consumada.
7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Hagamos de nuestra vida
una oblación, una entrega total, como lo hizo Jesús, para que cuando llegue
nuestra muerte podamos decir las mismas palabras de Jesús en la Cruz. Entonces
valió la pena vivir. Eso es todo. Lo material desapareció, y sólo quedó nuestro
interior, es decir, nuestro espíritu, allí donde nació la vida. No dejemos ir
ese espíritu sin haberlo conocido. Librémonos del dique que nos puso nuestra
parte material, en la que sí pusimos toda nuestra voluntad. ¡Dios nos libre de
ello!
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