LECCIÓN DE CRISTO 27.03.2016
Felices Pascuas de Resurrección, es el
día más importante para el cristiano, porque significa que la esperanza de una
vida eterna en compañía de Dios, es real, gracias a Cristo. Lo mejor de todo es
que esta gozosa existencia es de acceso universal y libre, sólo se necesita cumplir
con una condición: amar a Dios sobre todas las cosas.
La resurrección de Cristo no es fruto
de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que
sucede en un momento, dejando una huella indeleble. La luz que deslumbró a los
guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús atravesó el tiempo y el
espacio.
Es una luz diferente, divina, que ha
roto las tinieblas de la muerte y a traído al mundo el esplendor de Dios, que
es la Verdad y el Bien. Por eso, todo el universo se alegra hoy, El aleluya
pascual, resuena en la Iglesia peregrina y expresa la exultación silenciosa del
universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a
Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
En tu resurrección Jesús, se alegran
los cielos y la tierra, y en el cielo, todo es paz y regocijo. Ha muerto Jesús
a causa de nuestros pecados, y ha resucitado también para redimir nuestra
historia de hoy. Por eso este mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio
profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un
tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad,
la justicia y la paz.
Y se acuerden que el Papa Francisco
dijo que Dios siente siempre por el hombre compasión
y misericordia, recordando lo que Jesús nos hizo ver en la parábola del
Hijo Pródigo.
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