LECCIÓN DE CRISTO 20.03.2016
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San Lucas 22, 14-23, 56. Después de
leer el evangelio de Lucas, leamos estas palabras del Papa Francisco, tomadas
de su libro “La Iglesia de la Misericordia”.
Dice en el: “Capítulo V, Cristianos a
tiempo completo”, lo siguiente: “¿Qué significa ser cristianos? ¿Qué significa
seguir a Jesús en su camino al Calvario
hacia la Cruz y la Resurrección? En su misión terrena, Jesús recorrió los
caminos de Tierra Santa; llamó a doce personas sencillas para que permanecieran
con Él, compartieran su camino y continuaran su misión. Las eligió entre el
pueblo lleno de fe en las promesas de Dios. Habló a todos, sin distinción; a
los grandes y a los humildes, al joven rico y a la viuda pobre, a los poderosos
y a los débiles; trajo la misericordia y el perdón de Dios; curó, consoló,
comprendió; dio esperanza; trajo para todos la presencia de Dios que se
interesa por cada hombre y por cada
mujer, como hace un buen padre y una buena madre hacia cada uno de sus
hijos. Dios no esperó que fuéramos a Él, sino que Él se puso en movimiento
hacia nosotros, sin cálculos, sin medida. Dios es así: Él da siempre el primer
paso, Él se mueve hacia nosotros.”
Más adelante dice: “Vivir la Semana
Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que
no es ante todo aquella del dolor y la muerte, sino la del amor y del don de sí
que trae vida. Es entrar en la lógica del evangelio. Seguir, acompañar a
Cristo, permanecer con Él exige un salir.
Salir de sí mismos, de un modo de vivir la fe cansado y rutinario, de la
tentación de cerrarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el
horizonte de la acción creativa de Dios. Dios salió de sí mismo para venir en
medio de nosotros, puso su tienda entre nosotros para traernos su misericordia
que salva y dona esperanza. También nosotros, si queremos seguirle y permanecer
con Él, no debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y
nueve ovejas, debemos salir, buscar
con Él a la oveja perdida, aquella más alejada. Recordad bien: salir de
nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús y Jesús salió de sí mismo para nosotros.”
Más adelante dice; “La Semana Santa es
un tiempo de gracia que el Señor nos dona para
abrir las puertas de nuestro corazón, de nuestra vida, de nuestras
parroquias -¡qué pena, tantas parroquias cerradas!-, de los movimientos, de las
asociaciones, y salir al encuentro
de los demás, hacernos nosotros cercanos para llevar la luz y la alegría de
nuestra fe. ¡Salir siempre! Y esto con amor y con la ternura de Dios, con
respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros
pies, nuestro corazón, pero luego es Dios quien los guía y hace fecunda cada
una de nuestras acciones.”
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