LECCIÓN DE CRISTO 31.5.2015
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San Mateo 28, 16-20. Luego de la
Resurrección de Jesús, los 11 discípulos se fueron a Galilea, a un monte que Él
les había señalado. Jesús se apareció y les dijo: “Se me ha dado todo el poder
en el cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos míos en todos los
pueblos…”, y terminó diciéndoles: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo.”
Nos queda entonces la misión de hacernos sus discípulos,
siguiendo sus enseñanzas a través de sus parábolas. Para serlo no nos olvidemos
que tenemos que entrar a nuestro interior, meditando cada palabra de Jesús,
para ponerla en práctica, y luego de haber puesto en nuestro interior el
significado que nos da Jesús, a lo largo de la vida, podamos transmitirlo a los
demás.
Él nunca
se detuvo a pensar en su vida, sino en la vida de los demás. Todos los pasajes
que conocemos, siempre es para sanar a los demás, o para enseñarles su doctrina
cristiana, aquella que nosotros estamos obligados a transmitir a nuestros
prójimos.
El día
que todos los seres humanos tengan a Jesús en su corazón, practicando su
cristianismo, el mundo cambiará totalmente. La misma naturaleza recibirá el
amor y el cuidado de todos los seres, que hoy estamos amenazados con el fin del
mundo, no sólo a causa de las leyes naturales, sino muy especialmente porque el
hombre se ha olvidado de amar a los además, incluyendo en ello el cuidado que
tenemos de cuidar nuestro hábitat, con amor y con ciencia.
Es que el
hombre se ha destruido a sí mismo con el pecado, pero también ha destruido la
naturaleza sin sentir lo que tenemos que sentir por el ella, y por nuestros
prójimos.
La
aparición de Jesús en Galilea, es un llamado al amor al otro y a nuestro mundo,
para aprender a vivir en la felicidad que todo ser humano logra cuando sigue
ese lineamiento cristiano que lo hace amar y practicar como Jesús, la vida del
otro y la vida natural. Todos seremos felices, guiados por el amor y la
esperanza de hacer de esta vida pasajera, una vida eterna, con Jesús y María,
en el Reino de Dios.
Y finalmente, recordemos que la vida es
VIDA que tenemos que defender de todos los obstáculos del día al día en este
mundo materialista, que nos trae toda clase de obstáculos, que mi Dios perdona
y supera cuando conocemos su santa voluntad con fe, la única que nos trae la
felicidad plena, y claro la felicidad eterna, porque nuestro fin humano y
pasajero se convierte en un fin eterno. Es por eso que la vida es una ilusión
que tiene un fin eterno que trasciende lo material.
Y claro, es bueno repetirlo: Dios está
en la vida, como creador. La vida de los seres humanos, pero también la vida de
la naturaleza, porque Él está siempre donde está la vida. De un ser humano, de
un pájaro, de un árbol, de un animal, de una flor, en fin. Donde haya vida.
Amén.
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