LECCIÓN DE CRISTO 5.7.2015
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San Marcos 6,1-6. A raíz de
este pasaje del Nuevo Testamento, que le sucedió a Jesús, se piensa que nadie
es profeta en su tierra. Así lo dice Él mismo: “No desprecian a un profeta más
que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Han pasado 20 siglos, y
Jesús sigue vivo entre nosotros. Diría yo, y todo el mundo: ¡cada vez más vivo!
Reconocido en toda la tierra.
Y
ahora con la encíclica de Francisco “LAUDATO SI´”, se extiende a todos los
rincones de la tierra, no solo a la vida humana, sino también a la naturaleza,
que también tiene vida. Dice Francisco en “Oración por nuestra tierra”, al
final de la encíclica:
Dios omnipotente,
que está presente en todo el universo
y en la más pequeña de la criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura
todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu
amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz,
para que vivamos como hermanos y
hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de
los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta
tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para
que sembremos hermosura
y
no contaminación y destrucción.
Toca
los corazones
de
los que buscan solo beneficios
a
costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos
a descubrir el valor de cada cosa,
a
contemplar admirados,
a
reconocer que estamos profundamente unidos
con
todas las criaturas
en
nuestro camino hacia la luz infinita.
Gracias
porque estás con nosotros
todos
los días.
Aliéntanos,
por favor, en nuestra lucha
por
la justicia, el amor y la paz.
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