lunes, 13 de julio de 2015

JESÚS ENVÍA A SUS DISCÍPULOS A SER COMO ÉL

LECCIÓN DE CRISTO 12.7.2015
www.ireguimilton.blogspot.com

         San Marcos 6,7-13. Jesús envía a sus discípulos a hacer como Él, curar el pecado y sanar el alma.  Recordemos que cuando iba a ser crucificado, rezó a Dios para que lo eximiera de esa tortura. Pero Jesús, entendió perfectamente que hay que cumplir la voluntad de Dios, pues su misión fue exactamente dirigida a eso, hasta el final: dar al hombre la posibilidad de salvarse, como hijo de Dios, pasando por sacrificar su propia vida. Y todo en busca de que fuéramos sus misioneros, aquellos que sacrifican su vida para hacer conocer a Dios nuestro creador, por todo el mundo.
         Y así fue entonces, hace 20 siglos, y su obra sigue a través de nosotros hasta hoy. Pero hay que meditar y preguntarnos: ¿Cómo estamos haciendo nuestro discipulado frente a los demás? A veces se nos pasa la vida sin hacer nada al respecto. Muchas veces porque rezamos para que Dios actúe, y no nosotros. Pero debemos ser sinceros, tenemos que actuar como misioneros de Jesús, copiando su misión, su pasión, su entrega a los demás.
         Pongámonos a pensar ahora mismo, cómo estamos haciendo nuestro discipulado, siguiendo la orden que nos dió Jesús, no solo de palabra, sino especialmente con su ejemplo. Ni Dios pudo salvar a su Hijo del sacrificio, porque estaba de por medio salvar a los seres humanos primero que todo, pasando por lo que fuera a suceder, cumpliendo la voluntad de Dios, que es amor puro y corazón de oro. ¡Nos ama! por encima de todo. Lo mínimo que podemos hacer es llegar a los demás con la palabra de Jesús y con el mismo amor que Él nos enseñó.
         Acordémonos de dos cosas muy importantes, y tengámoslas en la memoria para ser fieles con Cristo. Una de ellas saber que el hábito no hace al monje, y la otra que cumplir la voluntad de Dios, no se hace solamente rezando para que Él actúe, sino nosotros desde nuestro interior, en el que hablamos diariamente con el Espíritu santo, con nuestras propias palabras para ordenar nuestro comportamiento a la voluntad de Dios. Digámosle al Espíritu santo lo siguiente:
         “Ven Espíritu santo, ilumina mi mente para conocer a Dios; ilumina nuestro corazón para aprender a amar a Dios; ilumina nuestra alma, porque yo le pertenezco solamente a Dios, haz que yo lo ame  sobre todas las cosas, y desee cumplir únicamente su santa voluntad.”
          


No hay comentarios:

Publicar un comentario