martes, 21 de julio de 2015

EL REGRESO DE LOS DISCÍPULOS

LECCIÓN DE CRISTO 12.7.2015
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         San Marcos 6,30-34. Hablándoles a los discípulos, Jesús se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Una de ellas creo que se refiere a entrar en uno mismo a ver cómo estamos, frente a las palabras que Él enseña en parábolas, Es detenerse para mirar hacia al interior de uno, y traer lo que dice Jesús a través del Nuevo Testamento, pues su enseñanza resume todo lo que debemos saber para entenderlo desde el corazón.
         Jesús es amor puro y corazón divino, y en esto se fundamenta toda su enseñanza. Requiere que nos detengamos, cerremos los ojos, no movamos el cuerpo, para que nuestra mente se concentre en la palabra de Jesús. Por eso una buena experiencia es hacer la práctica de llevar a nuestro interior a Jesús, tal cual es. Honestamente lleguemos al tema sin que nuestro ego se entrometa, ni traiga a cuento nuestras experiencias traídas de nuestra rutina humana, basada en todo lo material.
         Les dice Jesús: “Venid conmigo a un lugar retirado y tranquilo y descansad un poco”. Eso mismo debemos hacer, y además hacerlo personalmente en la soledad de nuestra habitación. Por ejemplo, antes de acostarnos a dormir. Pongamos el tema que nos preocupa en la mente, tal como si ella estuviera sola en nuestra habitación. Procuremos que nuestro inconsciente no nos traiga a cuento nada de lo que tiene incrustado, en nuestro estrés inconsciente. Y veamos cómo surgen de tropiezos a través de nuestros defectos humanos, para que nos demos cuenta de los obstáculos, (miles de ellos y de todas clases), que impiden vernos con Jesús, para encontrar las soluciones que Él nos da con amor puro y corazón divino.
         Sabemos que Él quiere que vivamos con esa alegría que nos comunica, y que vuelve nuestra vida un paraíso humilde basado en que somos débiles y pasajeros, y que ante Él nos transformamos en felices y humildes, frente a un ser que nos transforma de lo material a lo espiritual, que nos pasa de cenizas en la cremación, por la que pasaremos algún día, a un ser eterno, que en lo escatológico nos transporta a la eternidad, con esas palabras que Jesús nos dice, y que son la pura verdad: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”.


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