LECCIÓN DE CRISTO 7.02.2016
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San Lucas 5,1-11. Después de la pesca,
Jesús le dijo a Simón: ”No tengas miedo. De ahora en adelante pescarás
hombres”. Y dice Lucas, que luego los que lo seguían dejaron todo y siguieron a
Jesús. Esto es un milagro, que se explica por la revolución interior que
tuvieron. Desde luego los llevaba a pensar en los demás, al lado de Jesús.
Jesús conocía que a todos, incluyendo a
Simón Pedro, los movía el ego, que nos limita a estar preocupados solo por las
cosas materiales. Si todos tuviéramos conciencia de esto, al otro día el mundo sería
una cosa muy diferente. La estructura moral del hombre acabaría con la pobreza,
y desaparecería el odio al otro. Estamos frente a un respeto y un amor por el
otro, y no solo de palabra, sino de obra.
Hoy con la sequía han muerto muchos
niños en el mundo, y especialmente en Colombia. Y no vemos que haya solución a
esto. Y además han ocurrido casos como este que vivimos hoy. Lo copio
textualmente, porque luego de leerlo en el periódico queda uno con un dolor
inmenso, casi incurable, que lo conduce a odiar al ego, ese aparato venenoso
que tenemos dentro, y que casi nadie toma en cuenta: “Indignación por brutal
asesinato de una mujer”, se trataba de una mujer de 20 años que se disponía a
llevar a su pequeño hijo al jardín, cuando aparece su compañero sentimental y
la asesina.
Claro que esto produce indignación,
pero no arregla el problema del ego de un hombre que se considera con la
potestad para matar, movido por el odio que genera el ego, por simples razones
que en nada justifican el horrendo crimen.
Cambiemos nuestro habitual estado para
mejorar estos hechos, y cambiarlos por lo que nos manda Jesús: ser pescadores
de hombres, a ver si logramos en el mundo poner el ego materialista en el
cuarto de San Alejo, para hacer de la vida la manifestación de amor que nos
enseñó Jesús, no sólo en la cruz, sino en todos los momento de su vida. Amor por encima todo, sin importar lo que
estemos sufriendo en el cuerpo y en el alma. Porque el amor verdadero lo supera
todo, como nos lo enseñó Jesús: “De ahora en adelante pescarás hombres”. Lo demás pasa a segundo término.
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