domingo, 28 de febrero de 2016

PARÁBOLA DE LA HIGUERA



LECCIÓN DE CRISTO 28.02.2016
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        San Lucas 13, 1-9. La Biblia nos trae varios temas en este domingo. La Parábola de la Higuera, el libro del Éxodo, y la primera carta del apóstol a los Corintios, que vale la pena memorizar, en este tiempo cuando debemos desarrollar un cambio en nuestro interior en este tiempo de Cuaresma.
         En el Éxodo, Dios le dice a Moisés: Diles a los israelitas: “YO SOY EL QUE SOY”. Y le afirma: “Así quiero que me llamen siempre y que recuerden mi nombre de generación en generación.” y Él no lo dice por ser presumido, sino para que el hombre sepa que Dios es un ser maravilloso que permanece siempre en nuestro corazón. Él es el ser divino que da su corazón por nosotros. Es el que nos da la vida.
         Alguna vez una persona muy devota, me dijo que estaba triste, porque Dios le dijo que no lo molestara porque ahora estaba ocupado… Me produjo risa esto, porque todos sabemos que Dios está presente siempre, precisamente porque es el que nos da la vida, desde el nacimiento hasta nuestra muerte. Si Él no está, la vida se va.
         Pablo en la primera carta a los Corintios nos dice: “Quien crea estar firme, cuidado no caiga.” Nuestra fe en Dios es valiosa cuando se fundamente en la verdad. Con humildad tenemos que reconocer nuestra pequeñez frente a Él. Entre más humildes seamos frente a Él, podremos desarrollar una vida más  feliz, ya que todo lo que podamos hacer tiene su mérito en Él. Nosotros somos hijos que Dios ama, cuando hacemos su voluntad, y dominamos nuestro ego materialista, para hacer el milagro del amor surgido de la voluntad de Él, ceñido como siempre por ser compasivo y misericordioso con todos los seres humanos, sin excepción.  
         Y finalmente, la parábola de la higuera nos lleva a pensar en dos cosas principales: tener paciencia cuando veamos que no da fruto, y cuidémosla para que lo haga. Tener esperanza al respecto, porque la vida es un peregrinar entre espinas que nos hacen doler el camino, al cual debemos amar sobre todas las cosas, a través de la fe. En esta Cuaresma pensemos en la fe, y pongámonos en las manos de Jesús y María, que son nuestro apoyo siempre y cuando, diariamente, los tengamos en el corazón, evitando que nuestro ego, o bien nuestro inconsciente, nos lleve a separarnos de ellos. Pero tranquilos, ellos nos aman con un amor que maneja sabiamente el Espíritu Santo, que siempre está a nuestro lado, como no lo dijo Jesús antes de irse del mundo, dejándonos esa conexión con el Creador, que hoy confundiríamos con un celular. Pero, ¡cuidado!, es sin aparatos materiales. Él está guardado siempre en nuestro corazón. Es nuestro dueño. Aquel que jamás se separa, aún en los casos que nos olvidamos de Él… La higuera da frutos, con paciencia y con amor.      

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