LECCIÓN DE CRISTO 14.02.2016
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San Lucas 4,1-13. Jesús no enseña cómo
debemos dominar nuestras tentaciones, para lo cual nos da unos consejos que son
sagrados: “No solamente de pan vive el hombre”, es el primero. “Al Señor tu
Dios adorarás y sólo a Él lo servirás”, es el segundo. Y “No exigirás pruebas
al Señor tu Dios”, porque la humildad nos pone de rodillas frente a Él. Todas
estas frases de Jesús van directo a nuestro ego. Por eso sabemos que tenemos
que dominarlo con las palabras de Jesús para entender por qué nos las dice de una manera tan firme.
Sucede que una persona con problemas de
“ego” suele ser desagradable, egoísta, maliciosa, destructiva, tiende a juzgar
negativamente a los demás, y además el ego de estos seres necesita continuamente
dar buena imagen ante la sociedad, porque carece de humildad, y hace cosas como
matar a 6 millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial.
Es como una ilusión, una fantasía que
pretende situarse por encima de los demás. Por eso cuando nos encontramos
dominados por nuestro ego, la opinión que se tiene de uno mismo está
distorsionada. El verdadero “yo” se aleja, por un lado, y conocerse a uno mismo
se complica, porque el ego no deja reconocer la realidad del ser humano,
sometido a las limitaciones de tiempo y espacio, las cuales nos llevan a ver
que nuestro deber ser es la humildad frente a la muerte.
Esta virtud nos pone en la situación de
ser ayudados por el Espíritu Santo, para ser como Dios quiere que seamos, debido
a que el ego no deja la oportunidad de ver la vida como es: pasajera y débil,
cuando no tiene la fuerza que recibe por medio de la humildad, para hacer la
voluntad de Dios, que es el que conoce la forma de dominar al ego, para
situarnos con el Espíritu Santo en el amor a los demás, y en el amor a sí
mismo, siempre bajo el principio escatológico de que nuestra misión es llegar
al más allá, en compañía de María y de Jesús. Unos baluartes que nos dio Dios,
luego del desastre de Adán y Eva. Desastre que concluyó con el tiempo en la
formación de seres que han sido, (para resumir la historia de la Primera y la
Segunda Guerras mundiales), con millones de muertos, como consecuencia de egos
que se creyeron dioses. Para poner un ejemplo, un ser humilde no concibe el
derecho de matar a 6 millones de judíos, pues la humildad nos lleva a reconocer
que el hombre no tiene derecho sobre la vida de los demás. Derecho que solo le
pertenece a Dios. Él es el que da la orden, cuando una vida humana debe
terminar. ¡Nadie más!
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