LECCIÓN DE CRISTO 6.12.2015
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San
Lucas 3, 1-6. Lucas nos trae en su evangelio estas palabras, diciendo: “…Dios
habló a Juan el hijo de Zacarías”, predicando el bautismo de conversión para
recibir el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de Isaías:
“Voz que grita en el desierto:
preparad el camino en el Señor,
allanad sus sendas;
que los valles se eleven,
que los montes y colinas se abajen,
que los caminos tortuosos
se hagan rectos
y los escabrosos llanos,
para que todos vean
la salvación de Dios.”
Vemos cómo Juan, en el libro de
Isaías, nos anima a prepararnos para conseguir nuestra salvación. Y lo hace con
una comparaciones que nos parecen difíciles; como por ejemplo, que las colinas se
abajen, y los caminos tortuosos se hagan rectos. (Hace alusión a nuestro Interior). Pero en el fondo nos lleva a
pensar en los impedimentos que tenemos para amar a Dios sobre todas las cosas.
Todo lo podemos hacer fácil, “entre comillas”, si podemos dominar nuestro
inconsciente, donde tenemos todos los obstáculos que nos alejan de Dios, o que
nos impiden vivir plenamente con Él.
Con fe verdadera, podemos hacer en
nuestro interior, todo lo que Juan dice en el libro de Isaías. Y lo logramos haciendo
meditación Zen, 10 minutos solamente, todas las noches al acostarnos, con la
luz apagada, los ojos cerrados, sentados en un zafú, con la columna vertebral
recta, el corazón puesto en las manos de Dios, y sorprendidos, que algo tan
sencillo de hacer, haga los milagros que hace el interior de uno, cuando con
Jesús y María, en solo 10 minutos, logra el milagro de realizar lo que está
escrito en los versos de Juan. No afuera, en el exterior, sino en nuestro propio interior.
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