miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA PREDICACIÓN DE JUAN (2)



LECCIÓN DE CRISTO 13.12.2015
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        San Lucas 3, 10.18. Lucas trae el tema de Juan el Bautista, hijo del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel (Lucas 1:5). Y lo hace sabiendo que es considerado el precursor de Jesucristo, porque según Lucas 3:1-3, Juan comenzó a predicar y a bautizar en el desierto «el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea.     
         Lucas pudo contabilizar los años siguiendo el calendario sirio, por lo cual la fecha aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría en torno al año 28 de nuestra era.
         Juan Bautista se definió a sí mismo como «voz que clama en el desierto: "rectificad los caminos del Señor"» (Juan 1:23), con lo cual cumplía expresamente una profecía de Isaías (Mateo 3:1-4, Lucas 3:4-6, Isaías 40:3-5). Marcos 1:1-4 une a ésta el cumplimiento de otra profecía, de Malaquias 3:1. Esta misma misión general, cumplirá unidas ambas profecías, vista como una, fue definida en general por los esenios para ellos mismos, según la Regla de la Comunidad, encontrada entre los Manuscritos del Mar Muerto. Y también la liturgia bautismal esenia pudo haber servido de inspiración a Juan.
         Además, en el Evangelio de Juan, se narra a Juan el bautista diciendo: “No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él... A él conviene crecer; a mí, ser disminuido. El que de arriba viene, sobre todos es el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla; pero el que viene del cielo, sobre todos es enviado de Dios. Y lo que vio y oyó, esto lo testifica. El que recibe su testimonio, éste ha puesto su sello que Dios es Verdadero. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él.  (Juan 3:31-36).
         La diferencia entre el ministerio general de los esenios y el de Juan estriba en que aquellos enfatizaban en el estudio de la Ley, y en general de las Escrituras, y Juan en la predicación y bautismo para la conversión del pueblo. Según los Evangelios, bautizó también a Jesús en el río Jordán (Lucas 3:21-22, Marcos 1:9-11) y lo reconoció como Mesías (Juan 1:25-34, Mateo 3:13-17). Ese momento supuso el inicio de la actividad mesiánica de Jesús. Algunos autores señalan que sería más bien el arresto de Juan por parte de Herodes Antipas el comienzo de la vida pública de Jesús (Marcos 1:14).
         Poco después, (antes de la muerte de Jesús hacia el 30), fue encarcelado y decapitado por orden de Herodes Antipas en la fortaleza de Maqueronte. Este dato es mencionado tanto por Flavio Josefo, en el Antiguo Testamento, como por los Evangelios de Marcos 6:16-29 y Mateo 14:3-12.
         Juan no dudó de Jesucristo al haberlo reconocido como el Cordero de Dios, pero estando en la cárcel envió mensajeros para asegurarse de que Jesús era realmente el Mesías esperado, Mateo 11:2-4. "Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Jesús, les dijo: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis". 
         La Iglesia católica celebra su fiesta principal el 24 de junio (seis meses antes de Navidad, ya que el Evangelio cuenta que su madre Isabel estaba de seis meses cuando el ángel anunció a la prima de ésta, María, que sería madre del Mesías). Y el 29 de agosto se conmemora su decapitación, (degollación de san Juan Bautista).


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