sábado, 15 de agosto de 2015

YO SOY EL PAN VIVO

LECCIÓN DE CRISTO 16.8.2015
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         San Juan (6,51-58). La gente en general tiene dificultad en creer lo que dice Jesús, al pie de la letra. Especialmente estar convencidos en general, que es Él el que se mete en nuestro interior, donde el mérito de hacerlo, como lo hizo en la Cruz, es  de Él, y no mérito nuestro.
         Jesús tiene esa virtud, esa inmensa virtud, que no la vemos sino en los humanos que han sido santos. Nuestro ego es difícil de manejar, porque en la generalidad no es humilde. Si fuéramos humildes, el mundo cambiaría en instantes. No habría xenofobia.
         La xenofobia es el miedo, hostilidad, rechazo u odio al extranjero, con manifestaciones que van desde el rechazo más o menos manifiesto, el desprecio y las amenazas, hasta las agresiones y asesinatos. Una de las formas más comunes de xenofobia es la que se ejerce en función de la raza, esto es el racismo. Y también la que ejerce nuestra guerrilla con nuestros oligarcas, y nuestros oligarcas con nuestro pueblo pobre.
         La «Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial», aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, define la discriminación racial o xenofobia como:
         “Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar: el “reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”.
         En resumen, si fuéramos como Jesús, el mundo sería otra cosa bien diferente al otro día. Lo vimos, a propósito, en la vida de Laura Montoya, la santa colombiana, que quiere convertir a los indígenas de un resguardo indígena, venciendo todo ese orgullo y falta de humildad, que tenemos y que produce una sociedad con la pobreza en que vivimos indiferentes.
         ¿Cómo sería el mundo si fuéramos humildes? Todos amigos, sencillos, discretos, con un profundo respeto por el otro, y un deseo de llegar a los demás con cariño, reconociendo que todos los seres humanos somos HIJOS DE DIOS, a través de Jesús, EL PAN DE VIDA. ¡Y desaparecería la xenofobia!
         Y no vamos a poner como ejemplo de xenofobia las Primera y Segunda Guerras Mundiales, sino nuestro propio país, Colombia, con 50 años malos y pervertidos, con la triste realidad de la guerra entre hermanos, matándonos como si fuéramos moscas, y no HIJOS DE DIOS.
         Hago una sugerencia a nuestro pueblo y al mundo en general: rezar por los niños del mundo, sin xenofobia, pensando en que si todos somos amigos, el mundo actual en crisis, podría recuperarse, fundado en la humildad, que nos dice que todos somos hijos de Dios, criaturas hechas por Dios, con el don de la vida, que también existe en la naturaleza, y ambos hijos y naturaleza, con el problema del CALENTAMIENTO GLOBAL. Una falla que está acabando con la vida en los hombres, tanto como en la naturaleza.

         ¡Hagamos la paz! Es lo que debemos hacer, como mínimo, para terminar con esta locura entre hermanos de una misma patria, y todos redimidos por un mismo ser que nos dice: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás. Pero ya os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis”.

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