LECCIÓN DE CRISTO 16.8.2015
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San
Juan (6,51-58). La gente en
general tiene dificultad en creer lo que dice Jesús, al pie de la letra.
Especialmente estar convencidos en general, que es Él el que se mete en nuestro
interior, donde el mérito de hacerlo, como lo hizo en la Cruz, es de Él, y no mérito nuestro.
Jesús tiene esa virtud, esa inmensa
virtud, que no la vemos sino en los humanos que han sido santos. Nuestro ego es
difícil de manejar, porque en la generalidad no es humilde. Si fuéramos
humildes, el mundo cambiaría en instantes. No habría xenofobia.
La xenofobia es el miedo, hostilidad,
rechazo u odio al extranjero, con manifestaciones que van desde el rechazo más
o menos manifiesto, el desprecio y las amenazas, hasta las agresiones y
asesinatos. Una de las formas más comunes de xenofobia es la que se ejerce en
función de la raza, esto es el racismo. Y también la que ejerce nuestra
guerrilla con nuestros oligarcas, y nuestros oligarcas con nuestro pueblo
pobre.
La «Convención Internacional sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial», aprobada por la
Asamblea General de las Naciones Unidas, define la discriminación racial o
xenofobia como:
“Toda distinción, exclusión, restricción
o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o
étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar: el “reconocimiento, goce o ejercicio, en
condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en
las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de
la vida pública”.
En resumen, si fuéramos como Jesús, el
mundo sería otra cosa bien diferente al otro día. Lo vimos, a propósito, en la
vida de Laura Montoya, la santa colombiana, que quiere convertir a los
indígenas de un resguardo indígena, venciendo todo ese orgullo y falta de
humildad, que tenemos y que produce una sociedad con la pobreza en que vivimos
indiferentes.
¿Cómo sería el mundo si fuéramos
humildes? Todos amigos, sencillos, discretos, con un profundo respeto por el
otro, y un deseo de llegar a los demás con cariño, reconociendo que todos los
seres humanos somos HIJOS DE DIOS, a través de Jesús, EL PAN DE VIDA. ¡Y
desaparecería la xenofobia!
Y
no vamos a poner como ejemplo de xenofobia las Primera y Segunda Guerras
Mundiales, sino nuestro propio país, Colombia, con 50 años malos y pervertidos,
con la triste realidad de la guerra entre hermanos, matándonos como si fuéramos
moscas, y no HIJOS DE DIOS.
Hago
una sugerencia a nuestro pueblo y al mundo en general: rezar por los niños del
mundo, sin xenofobia, pensando en que si todos somos amigos, el mundo actual en
crisis, podría recuperarse, fundado en la humildad, que nos dice que todos
somos hijos de Dios, criaturas hechas por Dios, con el don de la vida, que
también existe en la naturaleza, y ambos hijos y naturaleza, con el problema
del CALENTAMIENTO GLOBAL. Una falla que está acabando con la vida en los
hombres, tanto como en la naturaleza.
¡Hagamos
la paz! Es lo que debemos hacer, como mínimo, para terminar con esta locura
entre hermanos de una misma patria, y todos redimidos por un mismo ser que nos
dice: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que
cree en mí no tendrá sed jamás. Pero ya os he dicho que, aunque me habéis
visto, no creéis”.
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