LECCIÓN DE CRISTO 23.8.2015
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San
Juan (6,60-69). “La carne
no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero
entre nosotros hay algunos que no creen.” “Por esto os he dicho que nadie puede
venir a mí si no lo es dado por al Padre.” Y sólo hay una forma de conseguirlo
a través de la meditación fundada en estos valores.
CAMINO A LA GLORIA
La vida es una oportunidad que hay que
aprovechar, porque es pasajera. Como la vida es un don de Dios tenemos que
cumplir su acción con fe en Él, y emprender con su ayuda la felicidad que se
nos presenta, cuando tenemos esa fe que le da a la vida un sentido escatológico,
es decir, para llegar a lo que sigue después de la muerte. Por eso la vida es
bella cuando está fundada en Dios.
Para lograrlo tenemos a Jesús, al que
nos consagramos en el bautismo de niños y luego de adultos en la confirmación.
Él ejerce su amor por nosotros. Y le pedimos que lo ejerza sobre aquellos que
nunca se han alejado de Ti, y también sobre aquellos que lo han abandonado,
porque todos somos hijos suyos sin excepción.
Mira Jesús con amor a nuestra amada
Colombia, y concédenos ser auténticos testigos de tu reino en ella, y fortalece
y reanima a nuestro hogares para que sean verdadera comunidad cristiana y así
llegue a nosotros tu reino.
Para lograr esto debemos contar con la
ayuda de María, y sus 8 coronillas, (fe,
esperanza, caridad, humildad, paciencia, perseverancia, obediencia y silencio
para meditar). Comenzamos con la coronilla de la fe, rezando el Credo. Seguimos con la coronilla de la esperanza de ver a todos los seres
humanos obrando con Cristo en su interior. Seguimos con la coronilla de la caridad, que nos pone a ser servidores
de todos nuestros prójimos. Y la coronilla de la humildad, que nos permite reconocer en todo ser humano a un hijo de
Dios, no importa quién sea, mientras tenga vida.
Seguimos con
la coronilla de la paciencia, que no
nos deja tomar decisiones sin previo compromiso de estar dentro de la coronilla
de la obediencia a la palabra de
Jesús, aquella que guardamos con la coronilla de la perseverancia, y que no nos deja juzgar, sino perseverar dentro de
las parábolas y las enseñanzas de Jesús, contenidas en su evangelio.
Y finalmente terminamos con la
coronilla del silencio, aquella que
nos lleva a meditar en Jesús y María, lejos del ruido del mundo, con nuestras
propias palabras, para tomar las decisiones que hacen hermosa nuestra vida, y
alejan de nosotros, todo lo malo que llevamos en nuestro inconsciente. Somos así conscientes
de que nuestro Padre del Cielo nos ama, porque
estamos con Él y vivimos con Él, consagrados a Jesús, a María y al Espíritu Santo. Y cuando rezamos, lo hacemos para alabar a Dios y cuando
meditamos, es para obrar en nuestra vida de acuerdo a nuestro consciente, con la ayuda de Dios.
Entonces para consagrarnos a Jesús,
rezar un Padre Nuestro; y a María, una Ave María. Y al Espíritu Santo decirle
lo siguiente: Ven Espíritu santo ilumina mi mente para conocer a Dios. Ilumina
mi corazón para aprender a amar a Dios. Ilumina mi alma, porque yo le
pertenezco solo a Dios, y deseo cumplir únicamente su santa voluntad. Amén.
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