LECCIÓN DE CRISTO 9.8.2015
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San
Juan (6,41-51): “Yo soy el
pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan
que yo daré es mi carne por la vida del mundo.” Esto es lo que le da a la
Eucaristía el poder de llevar al hombre a la vida eterna. Es decir la vida
adquiere un fin eterno. Veamos como: La vida es una oportunidad que hay que
aprovechar. Y hay que admirarla porque es bella, como todo lo que tiene vida en
la naturaleza, como la fauna y la flora.
Y en general el universo tiene vida y es bello. Y es un don de Dios, es
creación de Dios, que se da en la vida como un sueño que hay que realizar.
La vida existe en el AHORA. Ni en el
ayer podemos quedarnos, y no pensar que ya conocemos el futuro, que no existe.
Es en el ahora que existe la vida. Y por esto mismo es un reto que tenemos que
afrontar, y desde luego se nos convierte en el deber que tenemos que cumplir,
pues como es pasajera, no podemos perder el tiempo.
Es en el AHORA que encontramos la
posibilidad de vivirla como debemos, porque es un fuego que hay que disfrutar,
un fuego que llevamos prendido en nuestro interior, donde habita nuestro
ESPÍRITU, que tiene un valor más precioso que lo material, y que solo encontramos
ese bien en nuestro interior.
Debemos conocer bien lo que es
pasajero, en el sentido que si lo dejamos pasar, se acabó, y no lo podemos
recuperar. Día perdido, día que se fue sin dejarnos nada. Es cuando trabajamos
para sí y para los demás que podemos crecer, y esa experiencia se convierte en
una riqueza que tenemos que guardar y conservar.
Y conservar en el amor, en el amor a
Dios que está siempre presente. ¡No necesitamos cita para conversar con Dios!
En el AHORA lo tenemos presente siempre, cuando comprendemos que Dios es
amor puro y corazón divino, permanente
en nuestro ser. Ahí descubrimos que es un misterio que descubrimos, cuando
podemos llegar a nuestro interior a través de la fe. Sin ella no podemos
lograrlo. No hay otra forma. Se produce cuando apagamos la luz, cerramos los
ojos, permanecemos quietos, y miramos hacia adentro, donde está la vida, vida
que genera el espíritu de Dios.
Y si lo logramos, vemos que es un
milagro que tenemos que agradecer, y que también es un aventura que tenemos que
emprender, basados en estar dentro la voluntad de Dios, única forma de lograr
la voluntad plena de Él, y la verdadera felicidad en el mundo.
Como Dios conoce el pasado, el presente
y el futuro, sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. Y como Él nos ama,
estamos felices, haciendo lo que toca, y lo merecemos, porque la vida es
felicidad si estamos con la mente de Dios, porque Él nos ama siempre, y respeta nuestra
decisión de tener fe o no tener.
Y finalmente, la vida es VIDA que
tenemos que defender de todos los obstáculos del día al día en este mundo
materialista, que nos trae toda clase de obstáculos, que mi Dios perdona y
supera cuando conocemos su santa voluntad con fe, la única que nos trae la
felicidad plena, y claro la felicidad eterna, porque nuestro fin humano y
pasajero se convierte en un fin eterno. Es por eso que la vida es una ilusión
que tiene un fin eterno que trasciende lo material. Y como lo dice Jesús, con
su propias palabras, luego de que recibamos el pan de la Eucaristía:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá
eternamente”. Amén.
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