miércoles, 5 de agosto de 2015

JESÚS ES EL PAN DE VIDA

LECCIÓN DE CRISTO 2.8.2015
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         San Juan (6,24-35): Jesús nos lo dice textualmente: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mi no tendrá sed jamás.” Debemos entonces ir por nuestra vida con dos actitudes inteligentes. Una la paciencia, para no apresurarnos a tomar decisiones desacertadas. Y otra, la perseverancia fundada en la obediencia a la palabra de Jesús.
         Es necesario que gravemos en nuestra mente las palabras que Él pronunció a lo largo de su paso por la vida. Algunas que yo recuerde y que me han servido para aplicarlas a mis problemas en esta vida actual, son: “No juzguéis y no seréis juzgados”, “Sed humildes de corazón”, “Si te piden algo dadlo, y si te piden el doble, hazlo”, etc. Cada vez que oigamos el evangelio acordémonos de grabar sus mandatos. Lo mejor es actualizar esos mandatos cuando oigamos las homilías en las misas. Y preguntémonos: ¿Cuántas veces he ido a misa, y no he tomado nota al respecto? Y esto, porque la perseverancia necesita el conocimiento preciso, para resolver nuestros problemas, con la ayuda de Jesús…
         En eso consiste entender bien que significa: “Yo soy el pan de vida”. Nuestros sufrimientos y problemas tienen que resolverse basados en la reflexión que tenemos que hacer con los mandatos y ejemplos, que Jesús nos da a lo largo de su vida. Cuando Él dice en la Cruz: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”, nos sirve para aprender a perdonar. Es difícil hacerlo, muy complejo. Pero no imposible si tenemos dentro su cruel pasión, tal cual, cuando perdona por encima de su terrible sufrimiento. Para Él, es más importante cumplir su tarea de redención y salvación al mundo material, dando su vida. Vida que se va, pero luego resucita, debido a esa entrega que pone por encima el cumplimiento de su misión. Misión que nos salvó.
         Y nos salva, siempre y cuando entendamos a cabalidad, que ese pan, que Él nos da, no es un pan material, sino el pan espiritual, que nos permite cumplir nuestra misión, por encima de nuestras debilidades materiales. Y algo más, seamos conscientes de que lo hacemos por salvar a los demás. Lo nuestro, lo propio, es importante, en la medida que nos demos a los demás, para salvarlos, para darles ejemplo, para a través del amor construyamos, lo que hizo Jesús en la Cruz, por toda la humanidad. Y que nosotros debemos hacer por nuestros prójimos, más pobres, aquellos que adolecen de una vida digna, por culpa nuestra.
         Por eso, cuando demos nuestro voto para elegir personas de las que depende la vida digna de nuestro hermanos, que son todos los seres humanos que habitan el mundo, puedan tener todo lo que contribuya a llevar una vida decente. No podemos dormir en paz mientras haya sufrimiento humano, por culpa nuestra, ya que nos hemos pasado la vida pensando en sí mismos, olvidando a Jesús. Acordémonos: “El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mi no tendrá sed jamás.” El problema entonces lo encontramos en que hay en nuestra sociedad materialista, muchas personas que sólo piensan en si mismas, y jamás en los demás. Concluyamos en afirmar, que cuando estemos bien todos, sin excepciones, ese día seremos felices todos, sin excepciones…



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