lunes, 19 de enero de 2015

LOS PRIMEROS DISCÍPULOS

LECCIÓN DE CRISTO 18.1.2015 

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         Jn. 1,35-42. En esos tiempos de Jesús ser discípulo era difícil. Tan difícil que todos lo dejaron solo cuando lo crucificaron. Pero no hay que juzgar, pues lo que Jesús quería dejarnos con su palabra, tenía que correr un largo proceso para que al fin reconociéramos lo que Él quería dejarnos, y comprendiéramos la profundidad de su mandato.
         Desarrollar  la Palabra era entonces, y ahora, un proceso largo, especialmente por la dificultad del ser humano de entrar en su interior. Que lo haga con la profundidad que se necesitaba en esa época y ahora, lo muestra la indiferencia con que miramos su Palabra, luego de 20 siglos de trasegar por la comunidad cristiana.
         Porque no solamente es estudiar la Palabra tal cual, sino que el proceso de interiorizar el “niégate a ti mismo”, el “no juzgar”, por citar solo dos normas de su doctrina, nos pone a sudar al comienzo y luego, cuando debemos poner en práctica lo discernido, encontrarnos que no podemos, sencillamente porque nos es fácil.
         Por eso rezar es fácil, es repetir lo que sabemos, pero en cambio meditar nos lleva a meternos en nuestro interior para ver cómo estamos desarrollando los mandatos de Jesús. Agregando que tenemos que realizarlo con fe, y sobretodo con amor, ese amor puro y corazón de oro, que caracterizan sus enseñanzas, que sabemos nos vienen de Dios.
         Si, Dios el creador de todo cuanto vemos. Sabemos que en la madre naturaleza todo es vida, y no sólo los animales racionales y los irracionales, sino la flora y la fauna en su totalidad. Cabe pensar que Él está metido en todo, siempre a los largo del ahora. No tiene vacaciones, ni distracciones al respecto. Está presente siempre. Espíritu puro, metido en todo cuando vemos.
         Hay muchos de nosotros que nos parece que Papá Lindo está de mal humor, y además le ponemos todos nuestros defectos, sumado a odios y resentimientos por no cumplir su Palabra. Pero no, Él es Espíritu Santo, tan generoso que podemos ser ateos por la gracia de Dios… y lo es totalmente paciente a la espera que nuestra mente cambie nuestra vida y encuentre la verdad, en su amor.
         El cimiento de todo lo vemos al final de este evangelio, porque ese cimiento tiene que levantarse en piedra para permanecer siempre. Así le dijo a su discípulo más importante para La construcción de su iglesia: “Tú eres simón, el hijo de Juan; tu te llamarás Cefas, (que quiere decir PIEDRA).  


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