LECCIÓN DE
CRISTO 18.1.2015
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Jn.
1,35-42. En esos tiempos de Jesús ser discípulo era difícil. Tan difícil
que todos lo dejaron solo cuando lo crucificaron. Pero no hay que juzgar, pues
lo que Jesús quería dejarnos con su palabra, tenía que correr un largo proceso
para que al fin reconociéramos lo que Él quería dejarnos, y comprendiéramos la
profundidad de su mandato.
Desarrollar la Palabra era entonces, y ahora, un proceso
largo, especialmente por la dificultad del ser humano de entrar en su interior.
Que lo haga con la profundidad que se necesitaba en esa época y ahora, lo
muestra la indiferencia con que miramos su Palabra, luego de 20 siglos de
trasegar por la comunidad cristiana.
Porque no solamente es estudiar la
Palabra tal cual, sino que el proceso de interiorizar el “niégate a ti mismo”,
el “no juzgar”, por citar solo dos normas de su doctrina, nos pone a sudar al
comienzo y luego, cuando debemos poner en práctica lo discernido, encontrarnos que
no podemos, sencillamente porque nos es fácil.
Por eso rezar es fácil, es repetir lo
que sabemos, pero en cambio meditar nos lleva a meternos en nuestro interior
para ver cómo estamos desarrollando los mandatos de Jesús. Agregando que
tenemos que realizarlo con fe, y sobretodo con amor, ese amor puro y corazón de
oro, que caracterizan sus enseñanzas, que sabemos nos vienen de Dios.
Si, Dios el creador de todo cuanto
vemos. Sabemos que en la madre naturaleza todo es vida, y no sólo los animales
racionales y los irracionales, sino la flora y la fauna en su totalidad. Cabe
pensar que Él está metido en todo, siempre a los largo del ahora. No tiene
vacaciones, ni distracciones al respecto. Está presente siempre. Espíritu puro,
metido en todo cuando vemos.
Hay muchos de nosotros que nos parece
que Papá Lindo está de mal humor, y además le ponemos todos nuestros defectos, sumado
a odios y resentimientos por no cumplir su Palabra. Pero no, Él es Espíritu
Santo, tan generoso que podemos ser ateos por la gracia de Dios… y lo es
totalmente paciente a la espera que nuestra mente cambie nuestra vida y
encuentre la verdad, en su amor.
El cimiento de todo lo vemos al final
de este evangelio, porque ese cimiento tiene que levantarse en piedra para
permanecer siempre. Así le dijo a su discípulo más importante para La
construcción de su iglesia: “Tú eres simón, el hijo de Juan; tu te llamarás
Cefas, (que quiere decir PIEDRA).
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