martes, 6 de enero de 2015

LA VIDA Y LA PALABRA

LECCIÓN DE CRISTO 7-1-2015


         En este inicio de año pensemos en la vida. Por ejemplo Juan dice: La palabra de la vida, (1Jn 1,1-2): “Lo que era desde el principio, lo hemos oído, lo que hemos visto con nuestro propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida, pues la vida se ha manifestado, la hemos visto, damos testimonio de ella y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado; eso que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros, como lo estamos nosotros con el Padre y con su Hijo Jesucristo”. Y en otro punto del evangelio, Juan dice: (Jn 1,4-5): “Cuanto ha sido hecho en él es vida, y la vida es la luz de los hombres; la luz luce en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron.”
         Es importante, entonces, pensar en esto. Muchos de nosotros no sabemos que la vida es una oportunidad que no se repite. Si la dejamos pasar, se va, y no vuelve. Tenemos que ser conscientes también de ver a la vida con admiración. Detengamos un minuto a verla, no afuera en nuestro yo externo, sino en nuestro yo interno, cerrando lo ojos, y veremos que es bella, y no solo eso, sino un sueño para realizar.  Como es pasajera, que no se detiene día a día, vemos que es un reto que tenemos que realizar. Si no lo hacemos: ¡nos fregamos! Es en el ahora que podemos. Miremos que muchos de nosotros dejamos todo para mañana porque nos da pereza. No afrontamos todo lo que tenemos que hacer AHORA. El deber nuestro es cumplir con nuestro deber, no hay de otra. Si profundizamos en nuestro yo interno y nos vamos más allá, a donde está el Creador de la vida, sentiremos que la vida es fuego, fuego que cocina cuanto pensemos que tengamos que realizar. Ese fuego convierte la ilusión en un hecho real. Quedamos admirados. ¡Lo hice! ¡Lo pude hacer! Y nos quedamos admirados con el milagro. Por esto es que tenemos que cuidar la vida como nuestro tesoro, que cada día se va yendo, y que desde luego no podemos dejarlo pasar. Ahí vamos a notar que estamos creciendo con nuestro trabajo, porque la vida es una riqueza interior que supera todo, tanto que encontramos en ella el amor. Amamos todo entonces. A nosotros mismos y a todos los seres humanos, los cuales, como nosotros, también son hijos de Dios.

         Parémonos un minuto a vernos y a ver toda nuestra circunstancia, para gozarla plenamente. No nos hemos equivocado, aunque hayamos tenido errores. El amor lo supera todo. ¿En qué consistirá este misterio que nos da la posibilidad de realizar todo lo que nos proponemos. Hay que descubrirlo en nuestras virtudes que hemos desarrollado con la caridad una parte, y la otra con la humildad. Sí, todos somos diferentes. Nadie se puede parecer a otra persona, porque uno lleva un destino propio, una huella digital propia, única. Pero todos somos iguales cuando descubrimos que todos somos hijos de Dios. Sentimos entonces una gracia, que nos lleva a la comunidad con alegría, cuando todos somos hijos de Dios, con dones particulares que reunimos en esa comunidad, para sentirnos pertenecientes a nuestro mundo, único, propio. Es cuando contamos el himno nacional, con esa emoción de patria que nos conmueve hasta lo más profundo, a todos y cada uno. Para lograr esto tenemos que aceptar que la vida es un combate que genera nuestro ego, cuando queremos ser más que los demás. El niégate a ti mismo tiene que ver con eso. Y hay que aceptarlo así. ¡No hay de otra manera! Ahí es cuando vamos a ver que la vida es un milagro que tenemos que agradecer a Dios. Démosle a Él las gracias, porque es el único que puede, porque no tiene el ego de los humanos, sino un corazón divino, que desarrolla con amor puro y un corazón de oro, que se da totalmente. Donde no existe ninguno de los defectos humanos que encontramos por ejemplo cuando leemos la historia en paz y en guerra. Allá con Dios, encontramos la felicidad plena y para siempre. Claro que tenemos que merecerla, de una manera muy simple, de la mano de María y la entrega y salvación que obtuvimos hace 20 siglos, con Jesús. En conclusión la vida tiene que estar unida a la Palabra de Jesús… Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario