LECCIÓN DE CRISTO 7-1-2015
En
este inicio de año pensemos en la vida. Por ejemplo Juan dice: La palabra de la
vida, (1Jn 1,1-2): “Lo que era desde el principio, lo hemos oído, lo que hemos
visto con nuestro propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado
nuestras manos acerca de la palabra de la vida, pues la vida se ha manifestado,
la hemos visto, damos testimonio de ella y os anunciamos la vida eterna, que
estaba junto al Padre y se nos ha manifestado; eso que hemos visto y oído, os
lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros, como lo estamos nosotros con
el Padre y con su Hijo Jesucristo”. Y en otro punto del evangelio, Juan dice:
(Jn 1,4-5): “Cuanto ha sido hecho en él es vida, y la vida es la luz de los
hombres; la luz luce en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron.”
Es
importante, entonces, pensar en esto. Muchos de nosotros no sabemos que la vida
es una oportunidad que no se repite. Si la dejamos pasar, se va, y no vuelve.
Tenemos que ser conscientes también de ver a la vida con admiración. Detengamos
un minuto a verla, no afuera en nuestro yo externo, sino en nuestro yo interno,
cerrando lo ojos, y veremos que es bella, y no solo eso, sino un sueño para
realizar. Como es pasajera, que no se
detiene día a día, vemos que es un reto que tenemos que realizar. Si no lo
hacemos: ¡nos fregamos! Es en el ahora que podemos. Miremos que muchos de
nosotros dejamos todo para mañana porque nos da pereza. No afrontamos todo lo
que tenemos que hacer AHORA. El deber nuestro es cumplir con nuestro deber, no
hay de otra. Si profundizamos en nuestro yo interno y nos vamos más allá, a
donde está el Creador de la vida, sentiremos que la vida es fuego, fuego que
cocina cuanto pensemos que tengamos que realizar. Ese fuego convierte la
ilusión en un hecho real. Quedamos admirados. ¡Lo hice! ¡Lo pude hacer! Y nos
quedamos admirados con el milagro. Por esto es que tenemos que cuidar la vida
como nuestro tesoro, que cada día se va yendo, y que desde luego no podemos
dejarlo pasar. Ahí vamos a notar que estamos creciendo con nuestro trabajo,
porque la vida es una riqueza interior que supera todo, tanto que encontramos
en ella el amor. Amamos todo entonces. A nosotros mismos y a todos los seres
humanos, los cuales, como nosotros, también son hijos de Dios.
Parémonos
un minuto a vernos y a ver toda nuestra circunstancia, para gozarla plenamente.
No nos hemos equivocado, aunque hayamos tenido errores. El amor lo supera todo.
¿En qué consistirá este misterio que nos da la posibilidad de realizar todo lo
que nos proponemos. Hay que descubrirlo en nuestras virtudes que hemos
desarrollado con la caridad una parte, y la otra con la humildad. Sí, todos
somos diferentes. Nadie se puede parecer a otra persona, porque uno lleva un
destino propio, una huella digital propia, única. Pero todos somos iguales
cuando descubrimos que todos somos hijos de Dios. Sentimos entonces una gracia,
que nos lleva a la comunidad con alegría, cuando todos somos hijos de Dios, con
dones particulares que reunimos en esa comunidad, para sentirnos pertenecientes
a nuestro mundo, único, propio. Es cuando contamos el himno nacional, con esa
emoción de patria que nos conmueve hasta lo más profundo, a todos y cada uno.
Para lograr esto tenemos que aceptar que la vida es un combate que genera
nuestro ego, cuando queremos ser más que los demás. El niégate a ti mismo tiene
que ver con eso. Y hay que aceptarlo así. ¡No hay de otra manera! Ahí es cuando
vamos a ver que la vida es un milagro que tenemos que agradecer a Dios. Démosle
a Él las gracias, porque es el único que puede, porque no tiene el ego de los
humanos, sino un corazón divino, que desarrolla con amor puro y un corazón de
oro, que se da totalmente. Donde no existe ninguno de los defectos humanos que
encontramos por ejemplo cuando leemos la historia en paz y en guerra. Allá con
Dios, encontramos la felicidad plena y para siempre. Claro que tenemos que
merecerla, de una manera muy simple, de la mano de María y la entrega y
salvación que obtuvimos hace 20 siglos, con Jesús. En conclusión la vida tiene
que estar unida a la Palabra de Jesús… Amén.
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