lunes, 14 de julio de 2014

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

LECCIÓN DE CRISTO 13.7.2014
        


         Mateo 13, 1-23. “Pero el que fue sembrado en tierra buena, es quien oye la palabra y la entiende…” Es una parábola que trae para el creyente una verdad que muy pocos la encuentran. No la disciernen, ni la toman en cuenta. No somos capaces de adentrarnos a buscarla en nuestro interior, donde debemos meditar con nuestras propias palabras, sobre la voluntad de Dios.
         Hubo un padre en la Parroquia de Santa Bárbara, que me decía algo referente a lo que pasa con los creyentes que no meditan ni disciernen sobre la parábola del sembrador. El personaje se arrodilla en el confesionario, Se “arrepiente”, entre comillas, se para, sale de la Iglesia, pasa la calle y SIGUE EN LO MISMO.
          Jesús lo dice claramente, estos son los que oyen la palabra y no la entienden, y por esto no dan fruto. Detengámonos a leer a Mateo, tal como lo analiza Jesús, y vayamos analizando con nuestras propias palabras ese examen de conciencia, que debemos repetir cada día en nuestro interior.
         De allí salen todos nuestro errores a relucir, si lo hacemos bien. Apropiándonos de la voluntad de Dios, mediante el dominio de nuestro ego. Él es amor puro y corazón de oro, especialmente con lo seres humanos más necesitados, los que necesitan más ayuda, los que están en circunstancias de pobreza, o bien de confusión espiritual, porque no han sido  capaces de parar un momento para mirar los errores, que los tienen en la miseria, sin que se den cuenta.
           No es fácil. Especialmente para los que nunca tienen tiempo de parar su apego por las cosas del cosmos. Acordémonos que la vida es pasajera. Que lo más importante es nuestro interior, para vivir felices, y por consiguiente con una salud plena, para resolver todos los problemas que nos presenta la cotidianidad, amarrada a lo pasajero, a lo que es ahora y mañana no. Jesús nos propone con la parábola del sembrador la única manera que tenemos para ser productores del fruto de la vida… él que tiene la verdad para ser ahora, y transformarse en nuestro crecimiento para siempre, en el amor puro y el corazón de oro, que nos ensaya a ser como Jesús, con los demás y con nosotros mismos… 

        


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