LECCIÓN DE
CRISTO 13.7.2014
Mateo 13, 1-23. “Pero el que fue
sembrado en tierra buena, es quien oye la palabra y la entiende…” Es una
parábola que trae para el creyente una verdad que muy pocos la encuentran. No
la disciernen, ni la toman en cuenta. No somos capaces de adentrarnos a
buscarla en nuestro interior, donde debemos meditar con nuestras propias
palabras, sobre la voluntad de Dios.
Hubo un padre en la Parroquia de Santa
Bárbara, que me decía algo referente a lo que pasa con los creyentes que no
meditan ni disciernen sobre la parábola del sembrador. El personaje se
arrodilla en el confesionario, Se “arrepiente”, entre comillas, se para, sale
de la Iglesia, pasa la calle y SIGUE EN LO MISMO.
Jesús
lo dice claramente, estos son los que oyen la palabra y no la entienden, y por
esto no dan fruto. Detengámonos a leer a Mateo, tal como lo analiza Jesús, y
vayamos analizando con nuestras propias palabras ese examen de conciencia, que
debemos repetir cada día en nuestro interior.
De allí salen todos nuestro errores a
relucir, si lo hacemos bien. Apropiándonos de la voluntad de Dios, mediante el
dominio de nuestro ego. Él es amor puro y corazón de oro, especialmente con lo
seres humanos más necesitados, los que necesitan más ayuda, los que están en
circunstancias de pobreza, o bien de confusión espiritual, porque no han
sido capaces de parar un momento para
mirar los errores, que los tienen en la miseria, sin que se den cuenta.
No es fácil. Especialmente para los que nunca
tienen tiempo de parar su apego por las cosas del cosmos. Acordémonos que la
vida es pasajera. Que lo más importante es nuestro interior, para vivir
felices, y por consiguiente con una salud plena, para resolver todos los
problemas que nos presenta la cotidianidad, amarrada a lo pasajero, a lo que es
ahora y mañana no. Jesús nos propone con la parábola del sembrador la única
manera que tenemos para ser productores del fruto de la vida… él que tiene la
verdad para ser ahora, y transformarse en nuestro crecimiento para siempre, en
el amor puro y el corazón de oro, que nos ensaya a ser como Jesús, con los demás
y con nosotros mismos…
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