LECCIÓN DE CRISTO 8.6.2014
Juan 20, 19-23. No hay alternativa: somos discípulos de Jesús
o del diablo. Él siempre tuvo una manera especial para tratar a sus discípulos.
Uno comprende que no era fácil hacerlo. Pues se trataba de que creyeran en el
Misterio de la Redención, que está en conexión con el Creador, por la sencilla
razón de expresar de alguna manera, el amor puro y el corazón de oro que Él
siente por nosotros, mientras nosotros hacemos bestialidades, como las guerras
mundiales, por ejemplo, y todo lo malo que encontramos en lo cotidiano, o bien
la violencia en Colombia, en la diaria expresión de su acaecer maldito.
El colombiano mata a su hermano como la cosa más natural del
mundo. Como si fuera lógico hacerlo. Somos pues parecidos a los discípulos del
diablo, en una gran mayoría, que no comprende el amor de Dios, ni la obra de la
redención que hizo Jesús, dando su vida, para hacernos ver el amor de Dios por
nosotros.
Por eso Jesús nos manda, hoy y siempre, como discípulos,
diciendo que como Dios, su Padre, lo mandó a Él, así Él nos manda a nosotros.
¿Será que en la Habana, los negociadores de la violencia, entenderán esto? Lo
más probable es que no. Ni siquiera creo que se estudie la paz bajo los ideas
de Jesús… Su esperanza, lo sabemos con su Madre Santísima, es que todos los
colombianos nos amemos. Que nos cuidemos. Que
procuremos sentir esa humildad que permite creer que todos somos
iguales, todos sin excepción, así seamos pobres o ricos. Y menos nos parece
creer, que cuando esto ocurra, el país no sólo será mucho mejor, sino que todos
viviremos felices, tranquilos. Ya nadie nos robará el celular. Ni tendremos que
pagar por el secuestro. Ni habrá ácido para el rostro. Ni minas quiebra patas
para las patas. ¿Será posible?
Y la sensación que tenemos los colombianos en su totalidad,
es que esto no lo arreglamos votando, sabiendo que la mermelada, juntada con el
ego, tiene a nuestras instituciones en la olla. Recemos para que este 15 de
junio, de elecciones, nos sintamos como los discípulos de Jesús, creyendo que
la obra discipular en la paz, es un hecho, y que eso es lo importante,
muchísimo más que nuestro voto. ¡Ave
María Purísima!
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