viernes, 13 de junio de 2014

Solemnidad de la Santísima Trinidad

LECCIÓN DE CRISTO 15.6.2014
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         El padre Milton, director del Seminario de Valmaría,  nos ha enviado este comentario para el domingo 15 de junio, junto con el comentario de Alirio Raigozo.
         Libro del Éxodo 34,4b-6.8-9. Moisés talló dos tablas de piedra iguales a las primeras, y a la madrugada del día siguiente subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos. El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor. El Señor pasó delante de él y exclamó: "El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad. Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: "Si realmente me has brindado tu  amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia".
         Carta II de San Pablo a los Corintios 13,11-13. Por último, hermanos, alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes. Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.
         Evangelio según San Juan 3,16-18. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
         Algunos comentarios de Alirio Raigozo: Uno de los fenómenos que más afecta a la humanidad es la división, la falta de unidad. Esto disminuye, de manera sensible, las posibilidades de construir comunidad. Sin embargo, la utopía de la comunidad estuvo siempre presente en la historia espiritual del pueblo de Israel. Toda la Biblia está atravesada por este proyecto. En el Antiguo Testamento la insistencia fue, inicialmente, construir un pueblo en torno a Dios. Más adelante, la idea era hacer de ese pueblo Luz de las naciones para todos los pueblos, a fin de que toda la humanidad encuentre en Dios su unidad. En el Nuevo Testamento Jesús plantea nuevamente el reto de la unidad: “Que sean uno como tú, Padre, en mí y yo en ti”, (Evangelio de Juan). Posteriormente, san Pablo plantea el mismo reto para la Iglesia, pues desde el comienzo apareció  la tentación de dividirse en bandos y seguir cada uno a un líder, (1ª Corintios 1,10-14). Pero Pablo recuerda que este no es el proyecto. El verdadero proyecto es que la Iglesia forme un solo cuerpo, (1ª Corintios 12), y esto sólo se consigue en el amor, (1ª Corintios 13).  Pero el amor no se agota en la Iglesia, es posible dentro y fuera de ella. Por eso la unidad humana total es posible… la Utopía sigue abierta, actual, exigente.


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