LECCIÓN DE CRISTO 22.6.2014
(Juan 6, 51-58) “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
coma este pan vivirá eternamente.” Bueno tenemos que comprender a Jesús, pues
su dificultad para dar a conocer su misión, fue muy difícil, y sigue siendo
difícil. Queda atrás el pueblo judío, pero ahora aparece un mundo material
regido exclusivamente por el dinero. Y ya sabemos que si el ser humano ama solamente
el dinero, se quedará en lo material, en el cosmos. Y la frase de Jesús se
quedará sin utilidad alguna. Así nadie vivirá eternamente.
Por eso les está hablando un octogenario que ya despidió a
toda su familia de este mundo. Queda solamente él, después de que en el siglo
pasado éramos 12 seres. La vida es pasajera, pero no nos damos cuenta. Para
vivirla eternamente como quiere Jesús tenemos que seguirlo a Él, quién nos da
el ejemplo de darse totalmente. Es Él el que quiere entrar en nuestro corazón
para enseñarnos a vivir eternamente.
Al respecto alguien me preguntó que si no tenía miedo a
morir. Le contesté que no, porque yo ya estoy en el cielo. Llevo muchos años
haciendo cola para nocturna, (como dijo uno de los viejos donde yo vivo), y eso
me llevó a pensar que mientras tenga vida, debo ser feliz viviendo eternamente
con Jesús. Años atrás, cuando me convencí de que ya casi estaba en la olla, me
confesé, y recibí la comunión. Y claro, vino Jesús y me enseñó a darse uno
totalmente como Él. Ya no pensé en lo material, sino como algo accesorio, sin
importancia, y me quedé meditando con Papá Lindo, como le digo a Nuestro Señor.
Me acuesto con Él, y me levanto con Él. y Él me dice, mientras tengas vida
háblame, piensa en mi. Sabes que no soy ser humano, que soy espíritu, y que
manejo solamente dos cosas: Amor Puro y Corazón de Oro, no más.
A mi me pareció que Papá Lindo era demasiado eterno. Alguna
vez traté de darle unas palmadas por el trasero, y Él se murió de la risa. Yo
soy solamente espíritu, me hizo ver. ¡Tranquilo! Y yo dije: ¡Me salvé! Y desde
entonces nos hablamos como dos buenos amigos. Nunca volvimos a pelear. Y allí
fue cuando llegó lo máximo… ¿Cuándo me voy a morir le pregunté? Y Él se rió a
las carcajadas… Jesús mismo lo dijo, eso solo lo sé yo. Pero tranquilo, tú ya
estás en el cielo. Morir es nada, es que te vuelvas ceniza, y regreses a la
tierra. A bueno, Papá Lindo, le
respondí… y Él se desapareció, aunque para ser franco, Él anda desaparecido en
este mundo. Jesús nos lo hace ver con sus palabras, el que está conmigo vive
eternamente, sin fecha de vencimiento.
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