LECTIO 22.08.13
LUCAS
13, 22-30. Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre,
sino por mi. Todos sabemos que es así, sin embargo vivimos distraídos por lo
material de la vida, olvidados del camino de Jesús. Dios quiere que todos los
hombres se salven, pero hay que esforzarse para hacer el bien, sacrificando lo
que haga falta, pues la puerta es estrecha.
La
puerta estrecha lo plantea Jesús en el sentido de que el hombre recibió el
libre arbitrio, o la libertad para vivir. La gente en general lo que entiende
es que Dios es un ser que tiene odios. Entonces, comencemos por aceptar que la
puerta es estrecha porque el hombre no se preocupa por Dios, no sabe que El es
amor, y que nos quiere ver a todos entrando por la puerta estrecha. PERO ESO NO
DEPENDE DE ÉL, depende exclusivamente de nosotros mismos. Uno de los que lo
acompañaban hacia Jerusalén le pregunta que si son pocos los que se salvarán.
La respuesta de Jesús debe entenderse que uno tiene que mirar a su interior
para ver como está con relación a la palabra de Jesús. Tenemos que esforzarnos
si queremos entrar por la puerta estrecha. La vida no es fácil, pero el yugo es
suave y la carga ligera, como lo predica el mismo Jesús, siempre y cuando uno
lo ame a Él y viva de acuerdo a su palabra. Y termina la explicación cuando
entendemos que la felicidad eterna depende de cada uno de nosotros. Él quiere
que seamos coherentes con nuestra fe, y nos llama a construir el reino del
amor, la justicia y la paz que nos propone el Señor.
Por
este motivo, Lucas termina con estas palabras que aclaran más las palabras de
Jesús: "Pues hay últimos que serán primeros, y hay primeros que
serán últimos." Nuestra lucha por el reino es diaria, como el día al día.
Decimos que cada día trae su afán por eso. Cuando hablamos de "ponernos
las pilas", es eso también. Significa que discernimos la palabra siempre,
y no por raticos. Y creo que el hombre que entiende esto, y sabe que Dios es
amor, no le importa ser el primero o el último, le interesa como prioridad solo
amar al Padre y hacer su voluntad, por encima de todo lo material que termina
siempre en cenizas. Amén.
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