jueves, 1 de octubre de 2015

EL DIVORCIO

LECCIÓN DE CRISTO 4.10.2015
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         San Marcos 10, 2-16. En lo personal tuve 7 hermanos hombres, nacidos a principios del siglo pasado, y entre todos hicimos 14 matrimonios. Tres hicimos uno solo, y los otros cuatro, once. ¿Qué tal? Antes de este drama, unos años antes era prohibido casarse por lo civil. En 1930, por ejemplo, estaba castigado este hecho con la excomunión, lo recuerdo cuando estaba niño, pues tengo en la actualidad 86 años. Nací en 1929, y no conocí entonces divorciados. Fue luego, ya adulto que la cosa cambió.
         La experiencia del divorcio no es positiva. Es más negativa, y produce muchas relaciones distantes, lejanas a lo que debe ser una familia. Jesús dice al respecto del matrimonio lo siguiente hablando del principio de la creación con Adán y Eva: “…Dios los hizo macho y hembra. Por  eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.”
         Y Jesús es muy serio y enérgico al respecto: “El que se separe de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra la primera; y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro comete adulterio.”
         Adulterio, en el diccionario, es una relación sexual de una persona casada con otra distinta de su cónyuge. Y todo esto ocurre porque el matrimonio en si mismo, como lo plantea Jesús, es un hecho para vivirlo al lado de los hijos, formarlos y darles los valores que requiere vivir la vida.
         La vida no es fácil para nadie. Tiene que estar fundada en valores. Y entonces nos preguntamos: ¿Qué está pasando hoy con los hijos de los divorciados? Es difícil pensarlo, pero es necesario darnos cuenta de esto, para colaborar en lo que podamos con esos seres que  no pidieron venir al mundo, y que no tienen su familia original, la que se formó en la matriz de la familia, tal como lo dice Jesús: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.”


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