martes, 8 de septiembre de 2015

HACE OIR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS

LECCIÓN DE CRISTO 6.9.2015
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         San Marcos 7, 31 - 37. Estos milagros de Jesús causaban un impacto grande entre la gente. Todo el mundo los comentaba, aunque a Jesús no le gustaba que lo ponderaban por eso.
         Quizás, como lo dijo hace poco en otro evangelio, lo más importante no es lo externo, como el oído y la boca, sino la parte interna del ser humano. Donde se construye el amor, fundamento de la fe en Jesús. Es lo que nos lleva a la profundidad de la grandeza de Dios. Y el día que todos seamos conscientes de esto, y a nivel mundial lo desarrollemos, el mundo será una expresión universal del cielo.
         Por ejemplo, hay una oración que rezaba una alma santa que conocí, y que oraba porque todos los niños del mundo, recibieran sin distingos de raza y religión, un beso y un abrazo, llenos de ternura, que los hiciera sentir al amor de Dios, tal cual, sin arandelas, ni egoísmos, ni xenofobias…
         El ambiente entonces será muy distinto de lo que  vemos ahora con los conflictos que hacen los seres humanos, basados en su naturaleza material, lejana de todo lo que Jesús comentaba, cuando nos dijo de una manera categórica, que lo que afecta al hombre no es lo que viene de afuera, como en el caso del sordo mudo, sino lo que sale de nuestro interior.
         Esto nos obliga a rezar para que Dios actúe, y salve al sordo mucho, pero también a meditar para que nuestro interior, con la ayuda de Él, también actúe, basado en el amor, imitando el ejemplo que sentimos cuando vemos a un niño. Miremos a un niño, y veremos cómo sentimos ese amor infantil, lleno de inocencia y de sentimientos puros, desprendido de lo que expresan los adultos con sus odios y  xenofobias nacidos en la vida material, externa, y fundada en lo superficial, lo finito, y en lo que hoy es y mañana no aparece.   
          


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