domingo, 13 de septiembre de 2015

EL QUE QUIERA VENIRSE CONMIGO, QUE SE NIEGUE A SÍ MISMO, QUE CARGUE CON SU CRUZ Y ME SIGA.

LECCIÓN DE CRISTO 13.9.2015
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         San Marcos 8, 27 - 35. En esta lid de ser cristiano, Jesús va directo y a la mandíbula, como se dice en el argot del boxeo. Y en la lectura evangélica Isaías no se queda atrás: “...ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que me mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.”
         El salmo responsorial reza: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.” Y termina diciendo en una de sus respuestas: “Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.” Si es duro negarse a sí mismo, pero la respuesta lo lleva a uno al país de la vida.
         Es curioso para la historia que he vivido, acordarme de los ojos de mi mamá, cuando me decía con ellos: “¡Niégate a ti mismo!”, sin decir una sola palabra. Parece que el ser humano cuando está en la tierra, envuelto en materia, no tiene otro camino que seguir las palabras de Jesús, o en mi caso, los ojos severos de mi madre formada con una rigidez que no tenía modo de evadirse, allá en La Candelaria de Bogotá, de principios del siglo XX, cuando casarse por lo civil, producía la excomunión de las parejas y la de la familia que los aprobara y las recibiera en familia.
           El país de la vida ha cambiado desde entonces, pero no podemos olvidarnos de las palabras de Jesús, si queremos, lo repito, estar y vivir en el país de la vida.  Esa vida pasajera que se va y no vuelve, que dice adiós, sin saber cuando, y que desde allí sale para la gloria el Espíritu Santo, el dador de la vida, con nuestra historia y su maleta de viaje. ¿Qué tendremos en esa maleta? ¡Solo Dios los sabe! Él la abrirá y nos mostrará lo que hay dentro, hecho por cada uno de nosotros. Es decir: ¡mi vida! Ahí está. Ni modo de volvernos atrás, ni cambiar nada. Están los errores a nuestra vista, ya sin nada que poder hacer por corregirlos, buscando claro está, nuestra salvación. Sin embargo, Isaías nos da una oportunidad, él dice: “Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?
         Y en la carta del apóstol Santiago encontramos algo que tenemos que llevar en la maleta. Él dice: “¿De que le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?” Y claro, se refiere a lo que hayamos hecho por nuestros hermanos. Todos los seres humanos son hijos de Dios, entonces debemos estar al servicio de ellos, porque en esa forma deben ser nuestras obras. Sí, estamos al servicios de los demás, como lo hizo Jesús en su apostolado, y claro, en la Cruz, cuando su obra fue morir por nosotros. Amén.  


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