LECCIÓN DE CRISTO 8.2.2015
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Marcos
1,29-39. ¿Cómo
podemos entender la misión de Jesús? Es como la de un curador efectivamente. Un
espíritu que se introduce en nuestra alma, para hacernos ver la vida. Así de
simple. Pero muchos de nosotros no lo vemos así. Tenemos que ser conscientes de
entrar en nuestra vida para ver ese panorama que nos deja el amor sanador de
Jesús.
El interior es nuestro. En este caso
tiene nombre propio. Como dice Santa Faustina Kowalska: “No busco la felicidad
fuera de lo íntimo, donde mora Dios. Gozo de Dios en mi interior; aquí moro
continuamente con Él; aquí tiene lugar mi relación más familiar con Él; aquí
con Él permanezco segura; aquí no llega el ojo humano”.
Dice Marcos en el evangelio algo que
nos hace ver la dificultad para que el hombre lo entienda, mirando hacia sí
mismo. La cantidad de gente que sigue a Jesús en ese pasaje del evangelio,
cuando Jesús cura a la suegra de Pedro, y lo siguen todos los enfermos y
endemoniados para que Jesús los cure,
con ese poder que Él tiene, sin que muchos de nosotros entendamos la forma que
utiliza para llegar a nuestro interior para ver por nosotros mismos el milagro.
Es con nuestra voluntad individual que
logramos realizar ese milagro en nuestro interior, y entender las obras que
Jesús realiza, cuando nosotros queremos ver que sana a los enfermos y
endemoniados, en nosotros mismos. La fe nos lleva de la mano de Jesús a ver los
resultados que nos muestra Faustina, producidos por voluntad propia, alejados
del ojo humano.
Pero si queremos ver ese milagro, busquemos un rincón en nuestra casa para
sentarnos con la luz apagada y los ojos cerrados, en silencio, a ver la vida
nuestra, la propia, la que vive el día al día buscando la voluntad de Dios,
quien no solo nos hizo, sino que nos ama y conoce nuestro destino divino.
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