martes, 24 de febrero de 2015

EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA

LECCIÓN DE CRISTO 22.2.2015
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         Marcos 1,12-15.  En esta preparación para la Semana Santa 2015, para vivir con Jesús su Pasión, la vida nos obliga a tres cosas: la oración para amar la redención y la salvación que recibimos de Jesús y que reconocemos adorándolo por ser tan bueno con nosotros. Nos dio su amor y por esto se sacrificó. Eso nos obliga al ayuno, para hacer sentir a nuestro ego la necesidad de sufrir, a mirar hacia dentro de si. A ver en nuestra alma la importancia que esta tiene sobre lo material. Estamos entonces regresando de la vida que recibimos como un don de Dios, a ser agradecidos y responsables, porque la vida la recibimos para cumplir la voluntad de Dios por encima de nuestros caprichos materiales. Él nos exige con el ejemplo de Jesús en la Cruz, a darnos a los demás, a estar a su servicio, a preocuparnos por ese dolor que sentimos por el crimen, por el abuso sexual, la adicciones, el matoneo, en fin, todas esas estupideces que a diario cometemos, obligados por nuestro ego materialista, que no piensa en los demás, sino en esa mente irracional, que nos hace miserables, y nos lleva seguramente a morir como un animal que sólo dejó con su vida unas cenizas en la caneca de la basura, con la que construyen un ídolo falso con sus pecados los malos hijos. Nada se merecen esas cenizas, fuera de botarlas a la basura para que no hagan más daño.
         Jesús nos llama a trascender en cambio, nos dice en Marcos: “Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca. arrepentíos y creed en el evangelio”.
         ¿Pero qué pasa? Nos sentimos impedidos de entrar en nosotros mismos. Debido a ello vamos al confesionario, nos arrodillamos, nos paramos, salimos de la iglesia, y seguimos en lo mismo. Alguien nos dice por ayudarnos que tenemos que mirarnos a nosotros mismos. Y entonces vamos y nos miramos en un espejo. ¡No más! ¡Harta ahí! Cuando lo recto es cerrar los ojos, apagar la luz, sentarnos en silencio y buscar dentro de nosotros la causa de nuestra pena espiritual que no vemos ni sentimos. Porque no buscamos la fe. Casi nadie sabe que sin fe no podemos llegar hasta el fondo de nosotros mismos donde está el creador de la vida. La fe es el único recurso. Si no la tenemos jamás vamos a llegar a entender el misterio que nos hace templos del Espíritu Santo. Meditando entonces vamos a tener una charla con Jesús y María, y con ellos vamos a poder desprendernos de esta materia que nos mantiene pegados a la tierra, y ver como el ser humano puede trascender a una vida que nos lleva al conocimiento de Dios: amor puro y corazón divino. Descubrimos que Dios no es un ser humano, que está pendiente siempre de nosotros, jamás le oiremos decir como los humanos: Vuelve otro día que ahora estoy ocupado. ¡No! Siempre está presente, y es Espíritu Santo, para poder vivir siempre con nosotros en nuestra alma. Esa que Él hizo, y que espera recobrar, no sólo porque es creación suya, sino porque quiere tenernos siempre en el fondo de su corazón… Amén.



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