domingo, 11 de mayo de 2014

EL BUEN PASTOR

LECCIÓN DE CRISTO 11.5.2014

         “Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas…”, le decía Jesús a sus discípulos, no se salvará. ¿Por qué esto? Redil hace referencia a que todos los cristianos debemos andar unidos, como andan las ovejas en el campo. Ellas forman comunidad, viven juntas. Conocen además la voz del amo, y permanecen siempre en el redil, para defenderse de los peligros. Y Jesús se refiere a ese redil, que en su tiempo era un terreno cercado para guardar las ovejas con una puerta por donde entraban. Jesús es la puerta por, donde entramos a formar su rebaño. Quiere decir que Él nos cuida, nos defiende de los enemigos. Entonces, comprendemos cómo cumple con su misión de salvarnos. Misión que cumple al pié de la letra. Solo que las ovejas no entienden esto. Y yo diría que menos aún los discípulos, los cuales andan como nosotros ahora.
         Hace 10 años atrás, hicimos una descripción de lo que ocurría en la Iglesia de Santa Bárbara de Usaquén, que concuerda con el deseo de Jesús, y el Papa Francisco, de cambiar lo que ocurre en el redil del Buen Pastor. Veamos: La misa era a las 8:30 a.m. Estoy en la Plaza de Usaquén, haciendo este comentario sobre como se comportan las ovejas. La misa, en la Iglesia de Santa Bárbara de Usaquén, fue pasiva. Es una misa en que solamente el sacerdote, y las lectoras mujeres, antes del evangelio, hacen las lecturas sin comentarios al respecto. Los fieles permanecen pasivos, solamente siguiendo los ritos, mecánicamente. Uno realmente no sabe en qué estarán pensando los feligreses, como habrán interpretado todo lo que sucede en la Eucaristía. Yo siempre me hago en la puerta para poder mirar bien todo lo que sucede adelante. La verdad es que no observo ninguna cosa particular como para destacar, sólo la rutina que sabemos. El comportamiento de la gente es muy serio, cada cual en su sitio, solamente se sientan, se paran y se arrodillan. Y recitan las oraciones mecánicamente.
         Como yo estoy en la puerta, observo que entra un joven de unos veinte años, o menos, con la cachucha puesta. Yo lo miro, y le hago señas para que se la quite. Es una persona que parece que no tiene idea en que ceremonia está, ni donde se encuentra, ni donde esta ubicado, ni para qué es la fracción del pan y del vino. ¿Asiste por compromiso? ¿Por qué hay alguien allí?  No sé. Parece que no sabe qué es la mesa del altar y su significación.
         Yo iba a ser referencia a la homilía, cuando el padre, hace un comentario bastante tenido a la letra, con pocas referencias a lo que sufrimos en la actualidad. Pocas referencias a lo que está pasando en el país, se limita a pedir a las personas que entiendan el evangelio, que entiendan las palabras de Jesús. Pero observo que es una cosa totalmente pasiva, uno no sabe si lo que oyeron de la homilía y su explicación, lo van a poner en práctica. No creo que salgan con un nuevo vestido interior.
         A la mitad de la misa trata de entrar un perro, me mira con unos ojos inocentes y tiernos. Es un perro muy noble. Me bate la cola, aunque no creo que me conozca. Y luego, le hago la indicación para que se vaya, antes de que lo saquen los humanos a golpes.
         El caso del desplazado que siempre se hace a la salida de misa y que espera por ello en el atrio, hace rato que no lo veo. Completó como dos años en la misma postura, con su papel y su cara de cordero degollado. Hace rato lo entrevisté y me contó que es un desplazado de Duitama. Algo que me pareció raro. Y se le salió, cuando yo le inquirí más, que un policía lo había desplazado para Bogotá. (Y no la guerrilla). El anterior párroco lo convenció de que no se parara en la puerta, porque se vuelve una rutina que no corresponde a la verdadera situación de los desplazados, y la ayuda se vuelve limosna. Y la limosna es como la coca, una adicción, para no volver a trabajar. Un hombre lleno de vida, apenas entrando a la madurez. Situación que se mantiene durante mucho tiempo, sin solución alguna a la vista. Y sin que a nadie le importe.
         También observo que desde hace algún tiempo no hay ventas a la salida de la iglesia, que generalmente ocurrían como parte del final de la misa. Se olvidan que Jesús botó a los mercaderes del templo. Inclusive en una misa pasada encontré vendiendo dentro de la iglesia. Alguien me ofreció algo, pero le advertí que no era el sitio, aunque fuera muy interesante lo que él vendía. Pero eso entra por un oído y sale por otro.
         Otra cosa que observo en Usaquén, es que el párroco vive escondido en la parroquia. Tomando en cuenta que en Usaquén hay actividades que congregan a la gente. Como ocurre con Las Pulgas, como pasa con los Cuenteros de los Domingos. El cura jamás se ha visto por ahí.
         Hay unos ancianatos que son muy importantes, están Fundama, por una lado y por el otro San Francisco y el Sagrado Corazón. Allí solamente se ve al padre Ray Shamback o a sus hermanos, que viven dedicados a esa magnífica labor. Sin embargo, el párroco de Usaquén, estando  tan cerca, parece que no tiene nada que ver con eso. Alguna vez el anterior párroco fue a Fundama, y me alegré, porque me dije que ahora si se había operado el cambio, pero no. Era que el párroco concurría allí para visitar a un familiar cercano. Y eso que en Fundama, la partida, o mejor, la muerte de los viejitos acontece cada rato. Pues estamos “en cola para nocturna”.

         El nuevo párroco parece que sigue la misma tónica. Continúa el mismo vacío del párroco vinculado con la vida cotidiana. Es la misa, los sacramentos, los matrimonios, los bautizos, y pare de contar. Nunca se le ve vinculado a una actividad cotidiana, por lo menos de espectador, participando con la gente.Creo que no conocen, ni los curas, ni los laicos ricos, a los cuida carros. A don Segundo que trabaja cuidado los carros en la carrera Quinta A con 117. Ni a Barrabas que trabaja en la carrera 6, entre 119 y 120. Ni Las Pulgas, ni tampoco los Cuenteros que operan frente a la Iglesia, etc. Entonces vemos, como el Buen Pastor y sus ovejas andan por fuera del redil. Los discípulos de Jesús no lo vieron, pero nosotros hoy, tampoco lo vemos. El significado es andar con el Buen Pastor de verdad dentro de sí. Viviendo con la gente de verdad. Jesús dice: “Yo soy la puerta; el  que entra por mí, se salvará…”. Pero no parece que alguien entre por su puerta…

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