jueves, 16 de enero de 2014

LA VOLUNTAD DE DIOS ES AMOR

LECCIÓN DE CRISTO 16.1.2014

         La Guía bíblica nos trae para este día: (1) 1S 4, 1-11; (2) Sal 44(43)10-11, 14-15, 24-25; (3) Mc 1, 40-45. Veamos:

(1)         NO SE PUEDE MEZCLAR A DIOS CON LA GUERRA. NI PENSAR QUE LA VOLUNTAD DE DIOS PUEDE ESTAR CON LA GUERRA. En el libro primero de Samuel, se narra la derrota que sufrió el pueblo de Israel a manos de los filisteos. Los israelitas se apoyaron en el Arca de la Alianza, pero no fue suficiente. Cayeron treinta mil hombres de infantería, y el Arca fue capturada. En conclusión los israelitas comprendieron que Yahvé no actúa en las guerras de los seres humanos. Por eso escuchemos lo que dicen los salmos y lo que ellos le dicen a Dios.
(2)         El Salmo 44(43) 10-11: es un canto a las desventuras nacionales, como lo ocurrido con los filisteos. Le dicen a Yahvé: “Pero ahora nos rechazas y nos cubres de vergüenza, no sales ya con nuestras tropas; nos haces retroceder ante nuestros adversarios, y nuestro enemigos nos saquean a su gusto”. 44, 14-15: “Nos has hecho la burla de nuestros convecinos, la irrisión y el escarnio de nuestros circundantes; nos has hecho el chiste de las gentes, nos hacen burla las naciones”. 44, 24-25: “Despierta ya. ¿Por qué duermes Señor? Levántate, no nos rechaces para siempre. ¿Por qué ocultas tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?”. Los israelitas estaban errados cuando pensaron que Dios es una máquina de guerra. Nunca lo ha sido, ni nunca lo será. La guerra la hacen los hombres.

(3)         En el evangelio de Marcos, (1, 40-45), Jesús nos muestra otro aspecto de la voluntad de Dios. Jesús recorre la Galilea y cura a un leproso, diciéndole: “Quiero, queda limpio”. En ese milagro, la voluntad de Dios, está al lado de la misericordia. Jesús se entrega por nosotros, o se da a nuestro servicio, cuando queremos librarnos del mal. Parecería que no hay enlace entre Samuel, los salmos, y Marcos, pero se trata de reconocer que la voluntad de Dios, es de Él solamente, y tenemos que buscarla, negándonos a nosotros mismos. Es lo que Él quiere: nos exige amor, fidelidad y corazón de oro. Y Él nos da todo. Eso mismo fue lo que sintió el leproso que salió gritando a todo el mundo el milagro hecho por Jesús. Algo bien diferente a lo que leímos en los salmos.

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