viernes, 24 de enero de 2014

AMOR DE CUERPO Y ALMA

LECCIÓN DE CRISTO 23.1.2014

         La Guía bíblica nos trae para este día: 1S 18, 6-9; 19, 1-7; Sal 56(55), 2-3. 9-13; Mc 3, 7-12.
         (1S 18, 6-9:) Saúl sintió envidia de David, luego de que este matara a Goliat, el filisteo. 1S 19,1.7: Saúl quería matar a David, pues pensaba que estaba en peligro su trono. Pero Jonatán el hijo de Saúl, lo convenció de que no lo hiciera. Y David volvió con Saúl, como antes.
         (Sal 56(55) 2-3) Dicen los salmos: “Piedad, Dios mío, que los hombres me acosan, todo el día me atacan y me oprimen; mis enemigos me acosan sin cesar, innumerables son los que me atacan”. (Sal 56(55) 9-13:) “Tu cuentas los pasos de mi vida errante, mis lágrimas están recogidas en un odre, todo está consignado en tu libro de notas. Todos mis enemigos retrocederán el día que yo te pida ayuda; yo sé muy bien que Dios está conmigo. En Dios, cuya palabra alabo -en el Señor, cuya palabra ensalzo-, en Dios confío y ya no tengo miedo; ¿qué podrá hacerme un hombre? Yo mantengo, Dios mío, los votos que te hice, los cumpliré con la acción de gracias”.
         En Mc 3, 7-12, Las gentes siguen a Jesús…”Dijo entonces a sus discípulos que le reservaran una barca, pues la gente lo estrujaba. Había curado a tantos, que todos los que tenían alguna enfermedad se echaban sobre él para tocarlo. Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: ¡Tú eres el hijo de Dios!. Pero él les ordenaba severamente que no lo publicasen”.
         En la homilía del jueves, todas estas ideas que nos trae la Biblia se resumen en dos partes bien diferentes. La primera los problemas que aquejan a los hombres cuando odian, y la segunda, cuando aman, como lo hizo Jesús con todas las gentes que lo seguían.
         Menos mal que en la primera de Samuel y los salmos, el asunto entre Saúl y David se arregla. Y en la segunda parte, los espíritus inmundos reconocían el poder de sanación de Jesús, y por eso le decían: ¡Tú eres el hijo de Dios!, pero él ordenaba severamente no revelarlo.
         Hay algo muy particular de Jesús: su necesidad de retirarse para orar solo. Él se fue son sus discípulos hacia el lago que queda junto a Galilea, pero no pudo permanecer en su soledad, porque todo el mundo se fue detrás. Eran de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de Transjordania y de los alrededores de Tiro y de Sidón. Mucha gente. El evangelista no dice cuanta, pero fue muy numerosa.
         Pero hay que decir que la atracción de la gente por Jesús, era la sanación, sin embargo, debemos pensar que aún faltaba en la gente despertar el amor por él, y no sólo por su poder de sanar.

         La gente que él sana, y eso le llega al alma, es verdad, pero aún más, es tal la fuerza del espíritu en Jesús, que no sólo mejora la salud, es decir, la parte material, sino que influye en los espíritus de las gentes. Por lo menos se quedan pensando de ver ese amor tan poderoso, que viene al mundo a estar con los pobres, tan solo por hacer el bien. Jesús es un amor sanador, tanto de cuerpo como de alma.

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