miércoles, 6 de mayo de 2015

JESÚS, LA VID VERDADERA

LECCIÓN DE CRISTO 3.5.2015
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         San Juan 15, 1-8. Jesús en este pasaje del evangelio de Juan, nos explica cómo podemos entenderlo a Él en la misión que el Padre le encomendó. Dice: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. El corta todos los sarmientos que no dan fruto en mi, y limpia los que dan frutos para que den más”.
         El sarmiento es el vástago o rama de la cepa de la vid, de donde brotan las hojas, los zarcillos y los racimos. De esta manera Jesús explica cómo opera su misión, en el sentido que tenemos que dar fruto a través de su palabra, porque si no su Padre recorta los sarmientos de la vid.
         La vida tiene como fin dar frutos. Es como se vive plenamente. Lo importante es hacer un análisis de nuestra vida en este sentido. Habría muchos ejemplos para mostrar, pero pongamos como ejemplo un empleado público que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de dar fruto para sus compatriotas, y sin embargo no trabaja, no produce, no cumple con su misión dentro de un Estado democrático, respetuoso del erario público, y sobre todo de sus compatriotas, en el sentido de estar cumpliendo el objetivo de gobernar para que la vida del colombiano mejore, a través de la misión encomendada en todo lo que la organización del Estado da a sus ciudadanos, como un derecho legal para la vida ciudadana.
         Por eso para sus discípulos Jesús les dice: “Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho. Seguid unidos a mí, que yo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar frutos por si mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unido a mi”.
         Recordemos diariamente estas palabras de Jesús, entonces: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. Con ello ya sabemos que tenemos que estar unidos a Jesús. Es la mejor forma de vivir con la felicidad de estar dando frutos espirituales, que son más importantes que los materiales, muchos de lo cuales nos alejan, de la verdadera felicidad.
         Así cuando llegamos al final del día, pensemos lo grato que es encontrar en nuestro espíritu, los frutos que el Padre premia con su amor puro y divino que nos lleva a soñarnos libres del peso de nuestras pasadas equivocaciones, cuando nos olvidamos de la vid, y ahora cuando cerramos los ojos, acomodándonos para dormir, igual que lo haremos luego en el cielo.   


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