LECCIÓN DE CRISTO 3.5.2015
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San
Juan 15, 1-8. Jesús en este pasaje del evangelio de Juan, nos explica cómo
podemos entenderlo a Él en la misión que el Padre le encomendó. Dice: “Yo soy
la vid verdadera y mi Padre el viñador. El corta todos los sarmientos que no
dan fruto en mi, y limpia los que dan frutos para que den más”.
El sarmiento es el vástago o rama de la
cepa de la vid, de donde brotan las hojas, los zarcillos y los racimos. De esta
manera Jesús explica cómo opera su misión, en el sentido que tenemos que dar
fruto a través de su palabra, porque si no su Padre recorta los sarmientos de
la vid.
La vida tiene como fin dar frutos. Es
como se vive plenamente. Lo importante es hacer un análisis de nuestra vida en
este sentido. Habría muchos ejemplos para mostrar, pero pongamos como ejemplo
un empleado público que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de dar fruto
para sus compatriotas, y sin embargo no trabaja, no produce, no cumple con su
misión dentro de un Estado democrático, respetuoso del erario público, y sobre
todo de sus compatriotas, en el sentido de estar cumpliendo el objetivo de
gobernar para que la vida del colombiano mejore, a través de la misión
encomendada en todo lo que la organización del Estado da a sus ciudadanos, como
un derecho legal para la vida ciudadana.
Por eso para sus discípulos Jesús les
dice: “Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho. Seguid unidos
a mí, que yo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar
frutos por si mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no
estáis unido a mi”.
Recordemos diariamente estas palabras
de Jesús, entonces: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. Con ello ya sabemos
que tenemos que estar unidos a Jesús. Es la mejor forma de vivir con la
felicidad de estar dando frutos espirituales, que son más importantes que los
materiales, muchos de lo cuales nos alejan, de la verdadera felicidad.
Así cuando llegamos al final del día,
pensemos lo grato que es encontrar en nuestro espíritu, los frutos que el Padre
premia con su amor puro y divino que nos lleva a soñarnos libres del peso de
nuestras pasadas equivocaciones, cuando nos olvidamos de la vid, y ahora cuando
cerramos los ojos, acomodándonos para dormir, igual que lo haremos luego en el
cielo.
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