El 16 de Marzo, es el
segundo domingo de la Cuaresma. En el Nuevo Testamento encontramos el tema en
Mateo 17, 1-13, en Marcos 9, 2-13 y en Lucas 9, 28-36. Mateo y Marcos traen
esta frase: “Seis días después”, y Lucas “Unos 8 días después”. Son tiempos
bíblicos, como tercer día, Séptimo día, 40 días, etc. En este caso analizando a
Mateo y Marcos, tiene un significado de lo que viene antes de que suceda lo
principal, que sería el día 7. Por eso Mateo habla del primer anuncio de la
Pasión, (16, 21-23) y segundo anuncio de la Pasión, (17,22-23), como lo hacen
también Marcos y Lucas, que sucederá en el día 7, como lo señala Jesús: “El
Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, lo matarán y al
tercer día resucitará”. Esa Resurrección se da en el Séptimo día.
Toda la escena es la "manifestación"
plena de Jesús el enviado del Padre para llevar a la plenitud el misterio de la
redención, para que todos los pueblos en Él tengan vida. Ese Jesús que había
sido presentado a los pobres pastores, a los magos, a todo el pueblo en el río
Jordán, ahora es presentado por el Padre a los discípulos predilectos, Pedro,
Santiago y Juan, para que en el momento del dolor en el huerto de los Olivos y
de la muerte en cruz, sea reconocido como el Divino Salvador, el Hijo
enviado por el Padre. Pero esa palabra del Padre: "escuchadlo"
debe resonar fuertemente en nuestra mente y en nuestro corazón. San Pedro jamás
la olvidó, como hemos escuchado en su segunda carta: "Y nosotros escuchamos esta
voz, venida del cielo mientras estábamos con él en el monte santo".
Finalmente
los tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan, representan las columnas de la
Iglesia Primitiva, los cuales, después de caminar, ven la gloria de Dios
reflejada en su Verbo hecho carne. No es extraño que la presencia de la Nube,
que representa a Dios, y la voz saliente de ella, representen un adelanto de la
Resurrección, tal como nos lo dice el último versículo del evangelio. Y
entonces debemos ponernos en camino, subir al monte, sabiendo las dificultades
que esto implica, viviendo la Cuaresma, pero sabiendo al final, del séptimo
día, que nunca estaremos solos, porque Dios, estará con nosotros para siempre.
Ese es el sentido final de la Transfiguración.
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