LECCIÓN DE CRISTO 20-3-2014
Juan
4, 5-42. "Señor, Tú eres de verdad El Salvador del mundo; dame agua viva;
así no tendré más sed". Le dice la samaritana a Jesús. Vale la pena leer
todo el evangelio de Juan, para saber por qué le dice Jesús esto a la
samaritana, y descubrir el problema del mundo, que pone todo su interés en las
cosas materiales, y no llega a pensar en lo primero que debemos tener en la mente,
en la conciencia, esa alma que recibimos, producto del amor de Dios. Claro,
todo ser humano fue creado con un destino que vive cada día. La samaritana lo
vive con lo material, por eso al comienzo no entiende bien lo que le dice
Jesús: "El que bebe de esta agua, vuelve a tener sed; pero el que beba del
agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá
dentro de él, en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna".
La
samaritana le sirve a Jesús para su prédica, porque es difícil en ese tiempo, y
en el tiempo que vivimos, descubrir que el alma humana es eterna, cuando bebe
del agua de Dios. Es decir estar con Él no solo para trascender a la muerte,
sino vivir con la felicidad de no tener sed en la vida, pues en su interior
habita Jesús, que vino a salvarnos y María que tiene como esposo al Espíritu
Santo, en conexión con la voluntad de Dios. Un alma así, le explica Jesús a la
samaritana: "Créeme, mujer, se acerca la hora en que ni este monte,( se
refiere al monte Tabor donde están), ni en Jerusalén daréis culto al Padre.
Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que
conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya
está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en
espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es
Espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad".
Jesús
es el verdadero salvador del mundo, de su costado traspasado por una lanza,
brota una fuente que durará hasta la vida eterna, una fuente que convierte a
los enemigos en hermanos, a los pecadores en hijos de Dios, y a todos nosotros
en sus discípulos. Ya no tenemos que buscar en otros pozos de agua, porque como
lo dice Jesús, Él los transforma en fuentes de agua viva.
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